Faltaba una cena de gala para festejar la presencia de una leyenda viviente en el atletismo de los XXX Juegos Olímpicos y el excepcional protagonista se encargó de organizarla ayer: Usain Bolt, sin palabras.
Récord mundial de 36,84 segundos en el relevo 4x100 de Jamaica con un sprint extraordinario de este espigado corredor que resiste todos los calificativos de galáctico o extraterrestre y se queda corto.

Es un corredor increíble, sólido, estable, comentó Michael Johnson a la televisión británica instantes después de que para sellar literalmente con broche de oro, Bolt y su pandilla dejarán boquiabiertos a 80 mil espectadores en el estadio de Stratford.
Un elogio mayúsculo por provenir del “pato” Johnson, el otrora astro estadounidense de los 200 y 400 metros lisos (todavía con el primado de 43,18), cinco veces medallista de oro olímpico, quien destacó la actuación de la posta de su país (37,04).

Obligado a cambiar papeles, ante la lesión de su compatriota Asafa Powell, el cerrador de Beijing 2008, Bolt confirmó que sus límites aún están por verse, aunque repitió ayer que pensaría con calma el próximo ciclo olímpico hacia Río de Janeiro-2016.
Nesta Carter y Michael Frater entregaron el testigo muy pegados con los norteamericanos Trell Kimmons y Justin Gatlin, pero lo preocupante le tocó al jovencito Yohan Blake, quien no pudo batir al veterano Tyson Gay.
Bolt no necesitaba más. Apeló a su quinta (o su sexta) velocidad para arrollar a Ryan Bailey, y con su poderoso remate hizo temblar todas las pizarras electrónicas de la instalación: 36,84 para hacer estallar de júbilo a los repletos graderíos.
“Nos preparamos con mucho esmero, tal vez con mayor rigor a partir de la baja de Asafa (Powell) y en la habitación hablamos de la importancia de no perder metros en cada entrega. Así las cosas salieron bien”, declaró el bólido del triple doble (tres de oro).
Luego de bailar con sus compañeros y abrazarse con varios aficionados en el público, Bolt repitió sus bromas con los periodistas, tomó una cámara para tomar instantáneas de los fotorreporteros y fue solícito con los corresponsales.
“De todo corazón les agradezco que me hayan respaldado con tanto entusiasmo; por ustedes yo sería capaz de correr otra semana, pero estoy agotado, de verdad”, subrayó con miles de gestos y piruetas, y su infaltable sonrisa pícara.