¿Por qué me gusta tanto el escritor Edgar Lawrence Doctorow? Entre otras cosas, porque me da moral. El neoyorquino acaba de morir a los 84, pero escribió su obra maestra con 80 años, lo que para el resto de autores es un chute de esperanza. , una novela que tengo clasificada entre mis cinco libros memorables, cuenta la historia de dos millonarios encerrados en su mansión de Harlem y enterrados en vida por el síndrome de Diógenes, contada a la manera griega, una tragedia sin concesiones.
Espléndida, emocionante, inteligente, marcó un nuevo nivel en mi cabeza acerca de lo que era escribir una "gran novela americana". Pero, como decía James Ellroy, "a mí no me preocupa la gran novela americana, ya he escrito varias", y nuestro autor también había hecho unas cuantas antes de llegar a su .
En esa línea también se encuentra , narrando la Guerra Fría con despliegue pirotécnico de personajes. Con estas obras bastaría para catalogarlo entre los canónicos Bellow, Updike, Roth o Malamud, pero lo que le convierte en un unicornio es su llamativa capacidad para saltar de un género a otro. Cuando menos te lo esperas salta con una novela negra como su famosa , una de ciencia ficción como , un western o una novela gótica .
Uno estaba curado de sorpresas con este autor que buscaba una estética y un lenguaje adecuado para cada historia, hasta que me quedé ojiplático con . Si soy sincero, no pude llegar ni a la mitad, lo que me tenía alucinado era la audacia, que continuaba su flujo verbal al invadir los terrenos del postmodernismo entrando hasta la cocina del mismísimo Pynchon. Doctorow se planteaba un experimento con una novela dentro de otra novela, numerosas voces e interlocutores, mezcla de estilos, coloquialismos, una que a mí me cansó pero no dejé de admirar.
No he leído todavía su última novela, pero me cuentan que se trata de otro experimento avant-garde con un monólogo que se adentra en los misterios de la psiquiatría, y confirmo aliviado que Doctorow luchó hasta el último cartucho tanto contra el cáncer de pulmón que lo consumía como contra el aburrimiento. Loado sea.