Hace poco más de tres años y medio, Freddy Morris decidió acogerse a una jubilación en extremo merecida.
Antes de pasar al retiro, nos suministró su número celular. Pensamos entonces que ese “dato” había que tenerlo a buen recaudo, porque mantener comunicación directa con Freddy Morris significaba estar en contacto permanente con la historia de la hípica nacional; ese señor era una biblioteca andante.
Conocimos al “Indio Morris” hace más de un par de décadas, cuando dábamos nuestros pasos iniciales en la crónica hípica.
Siempre tenía información interesante a la mano: una reseña, la hoja de aprontes, el estado del concurso de pronosticadores o una anécdota sobre el viejo Juan Franco o del actual “templo hípico”. No en vano vio tantas carreras, observó tantos jinetes, lidió con numerosos entrenadores en ambas plazas hípicas y cerró el ciclo con 35 años de labores en el Hipódromo Presidente Remón.
La última vez que lo llamamos fue para que nos ilustrara sobre la vida de uno de los personajes que era candidato para ingresar al Salón de la Fama.
Al contestar nuestra llamada y reconocer nuestra voz, nos respondió con su inconfundible: “Qué pasó pala´o”.
Después resolvió sin mayor esfuerzo nuestra incógnita.
Así, era este hombre, este hípico que nació que el 15 de enero de 1943 en la isla de Aligandí de la Comarca Kuna Yala, de allí el mote de “Indio”.
Hace tres noches cerró los ojos para siempre. Tenía 66 años. Los comunicadores perdimos a un colaborador invaluable y la hípica a un personaje emblemático.
Hasta luego Freddy, hasta luego “Indio”.