Te lo dije, don Alfredo
Alfredo Poyatos es buena gente. Los hermanos Dely, Pedro Chaluja; todos abusaron de su bondad.
Han de estar felices aquellos que pusieron piedras en su camino. De seguro, una vez pise Poyatos suelo patrio, van a anunciar su destitución. Lo querrán hacer ver como el único culpable del desastre de Barranquilla, pero lo que soy yo no me trago ese cuento.
¿Y los culpables?
Poyatos tiene culpa, y mucho, de lo sucedido; porque se dejó envilecer de principio a fin por la Fepafut. Traicionó sus principios, su manera de ver el fútbol. Se traicionó él mismo. Cuando le aconsejé que renunciara, luego de que sin su consentimiento despidieran a “Cholito” Méndez y a Richard Caicedo del cuerpo técnico, no lo hizo. Poyatos, en vez de escoger el camino del honor, del orgullo propio, decidió elegir el de la imposición y allí empezó su desgracia.
Ahora, la Fepafut se limpia las manos. Claro, como alguna vez dijo Séneca: “Nadie se cree culpable si es él su mismo juez”.
Hubo mala fe
Desde que la Fepafut no envió a don Alfredo al sorteo del Mundial Sub-20 (Jorge Dely sí fue al de la Sub-17), sospeché que algo tenebroso había detrás. Desde allí, y recurriendo a métodos maquiavélicos, la Fepafut buscó incomodarlo, fastidiarlo, denigrarlo con un solo fin: que renunciara. Más claro no canta un gallo.