Siento mucha vergüenza
Ver a mi país siendo destrozado y ridiculizado en el Preolímpico de Baloncesto me causó una profunda vergüenza. Los rostros de impotencia de jugadores como Jaime Lloreda y Rubén Garcés me provocaron ganas de llorar. Nuestro baloncesto ha tocado fondo y el culpable, aquel dirigente inoperante llamado Miguel Sanchiz, se niega a liberarlo. Lo mantiene secuestrado, pisoteado.
Y ahora, ¿qué hará este inepto?
Panamá tenía --y tiene-- jugadores de calidad para firmar un buen papel en torneos internacionales, pero otra vez faltó planificación, seriedad y preparación. Las selecciones nacionales no se arman ni se definen en la cocina de la casa o mientras se consume un par de tragos con los amigos. No, Miguel Sanchiz, mil veces ¡no! Debe haber un proceso. Y recordemos, que liga no tenemos.
Ahora, ¿qué harás Miguelito? ¿Renunciarás? Lo dudo, pero por si acaso, te doy un consejo: vete, ten un poquito de vergüenza. ¡Vete, Sanchiz, vete! Deja nuestro deporte en paz y dedícate a tus negocios.
Y esto va con Pandeportes
Señores de Pandeportes, no permitan que Sanchiz vuelva a ponerles en la camiseta el nombre de Panamá a equipos armados por él. ¡Basta de ridículos!