Cierre del Mundial
Fue una verdadera lástima la manera como concluyó la XXXIX, y tal vez última, edición del Mundial de Béisbol de la IBAF.
Entrada la madrugada del domingo, me tocó presenciar el espectáculo de la clausura y, de verdad, dolió mucho ver semejante derroche de fuegos artificiales, danzas y folclore en medio de un Estadio Rod Carew que no tenía casi ningún alma en sus entrañas.
La experiencia queda allí: en Panamá no podemos darnos el “lujo” de organizar eventos deportivos tan importantes al aire libre en pleno mes de octubre. Siento que nos tiramos la soga al cuello.
¿Aprendieron de los errores?
Insisto en que en este Mundial de Béisbol hubo muchos desaciertos. Demasiados, diría yo, para un Comité Organizador encabezado por una persona que, como el profesor Edwin Cabrera, tenía la experiencia previa de los Juegos Centroamericanos. De verdad que, desde este punto de vista, la organización dejó mucho que desear.
Lo que nos deja el Mundial
Este Mundial también nos dejó cuatro estadios (Rod Carew, Remón Cantera, Rico Cedeño y Omar Torrijos) en buenas condiciones y perfectamente reglamentados para cualquier competencia. El panameño también pudo ver béisbol del bueno, como el que desplegaron Cuba y Holanda. Aunque, insisto, el espectáculo, en general, pudo ser mejor.