“Con retazos de mi cielo, con destellos de la aurora....” Nacho Valdés
La única obra que escribí con rabia y lágrimas: Una bandera. Trabajaba en la Náutica con Isaac Orobio, el padre de Estanislao, que murió el Nueve de Enero. Imaginé su monólogo ante las dos banderas del Triángulo Shaler:
«¡Una bandera! ¿Qué es una bandera? No es solamente un trapo. La bandera es el símbolo más alto. Por eso las ponen en astas, para elevarlas. Mas alta que la moneda y el escudo; hasta el himno la reverencia cuando lo cantan para izarla. Las banderas tienen alma, el hombre se la insufla con su sangre. ¿Podrán hablar? Cuando sopla el viento y ondean, ¿cómo saber si ese movimiento no son palabras? Y si son palabras, podrán ser dulces o amargas; de victoria o derrota; de orgullo o humillación... Si ellas, esas dos banderas hablaran, no se gritarian, las banderas no pelean; ellas podrían contar sus cuitas y sus vergüenzas. A lo mejor la bandera gringa le pediría excusas a la panameña por flotar su lado. Quizá ella explique su pena de ser impuesta en Puerto Rico, en Guantánamo, en Arabia, en Asia. Quién sabe si ella, sencilla y grande, resiente ese ondear en tierras extrañas. Ella, que es dueña y señora de grandes y ricos territorios, siente nostalgia por ellos. Seguro que esos apátridas llamados “zonians”, dicen defenderla proclamando un patriotismo que nace de sus panzas, de sus trabajos dorados, de sus mezquinos y estúpidos sentimientos de grandeza. Mientras tú, bandera mía, si en esas dos estrellas palpita el corazón y la memoria de tus hijos, debes acordarte del mío... ¡nuestro hijo!... Era delgado y alto, de buena fibra; sensible como un poeta y audaz como un corsario. ¿Cómo no ser de los mejores si dio su vida por ti? Dime que lo recuerdas. Su otra madre no lo ha olvidado, para ella no ha muerto..Todavía le plancha la ropa: es la plancha la que envejece. A veces la sorprendo oliendo su camisa. Ya no guarda ni un poquito de su sudor ni de sus sueños. ¡Mujer! ¿Para qué guardas esos trapos? le pregunto. Ella no contesta. Me mira en silencio y tengo que callar.
¡Ay hijo, el hueco que dejó tu cuerpo en el espacio es muy grande para que podamos llenarlo con otras esperanzas! ¿Que el tiempo cicatriza las heridas y borra el dolor? Quizá, cuando el corazón es joven, el mío está muy gastado, se olvidó de olvidar...