Recién el viernes, Mario Vargas Llosa recibió en propiedad el Premio Nobel de Literatura de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia.
Como el protocolo señala que durante la ceremonia no se pueden dar discursos, el literato de 74 años pronunció sus palabras de aceptación el martes mediante un discurso titulado “Elogio de la lectura y la ficción” (www.efe.com/documentos).
A través del documento, cuyo texto completo consta de 6121 palabras, el autor de “La guerra del fin del mundo" hace un recorrido por su vida personal y literaria en el que devela de manera resumida, pero bien estructurada, su pasión por leer, descubrir y escribir, y cómo se fue transformando en ciudadano del mundo.
Mario Vargas Llosa dedica parte de su disertación a resaltar el amor que siente por su país natal Perú el cual, asegura, “lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé...”
En “Elogio de la lectura y la ficción” don Mario se autorretrata como creyente en los valores familiares, defensor del liberalismo y convencido de que sin las ficciones el hombre sería menos consciente de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible, y del infierno en que ésta se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión.