Cuando al fin aprendí a leer, no había letrero que quedara invicto ante mis ojos. Iba en el bus murmurando mis lecturas, quería asegurarme del nuevo poder que me habían otorgado de descifrar y entender la palabra escrita. La manía perdura. Lo único que compite de igual a igual con las palabras es mi atracción por las ojeras de una mujer.
En mi estudio no hay mujeres pero sí hay palabras. Todas ellas a mi disposición en los alineados libros. Cuando abro más de uno, se llena de fulgores mi rincón. Ahora mismo, sin semáforos, actúo como juez de tránsito. A mis pitazos pasan, se desvían o se detienen los pensamientos que pululan a mi alrededor.
¡Alto! Le digo a un tranvía lleno de Orteguitas cuya ruta es: Discursos Políticos: «En el dolor nos hacemos, en el placer nos gastamos». «Puede decirse que la lealtad es el camino más corto entre dos corazones». «... esas ganzúas del gobierno que algunos llaman programas”. “Como no vengo a pediros nada para mí, no tengo por qué halagaros».
A la derecha, invito a un taxi con las maletas de Arthur Koestler: «No hay neutralidad posible entre la democracia y el totalitarismo, no se puede ser neutral ante la peste bubónica». «Ni en la vida ni en la literatura el puritanismo es una virtud». «Una cosa es creer en la verdad de las doctrinas de Marx y Lenin y otra muy diferente tener que escribir lo que dictan los toscos sargentos de la burocracia del Partido.» «Rechazo la ética del marxismo; su rígido determinismo económico; su dogma de la irreconciliable hostilidad entre las clases; el carácter rudimentario de su sicología de masas, y en realidad la mayoría de sus dogmas básicos».
Tras el taxi amarillo venía el diablo rojo de Max Weber, al que le di paso hacia la izquierda: «Los dos medios que afectan directamente el interés personal: la retribución material y el honor social». «El ser superados no es sólo el destino de todos nosotros, sino también la finalidad propia de nuestra tarea común».
Me aparté para que siguiera derecho, la radiante “limousine” de Montaigne: «Tan a menudo se contradice, se condena a sí mismo mi pensamiento, que me da igual que otro lo haga». «Si el dolor de cabeza llegase antes de la embriaguez, nos guardaríamos de beber demasiado». «Saber mucho da ocasión de dudar más».
Cuelgo el pito, no hubo accidentes.