La emoción que vivieron los coclesanos en espera del triunfo de Saladino también se hizo evidente, pues niños, jóvenes y adultos estaban en sus casas desde temprano en espera del gran salto.
En la casa de la familia Ibarra, en Penonomé, no fue la excepción. Allí los niños se levantaron a las cinco de la mañana a esperar el turno de Saladino. Sufrieron y saltaron de emoción cuando anunciaron que se llevó el oro.
Muchos penonomeños llegaron tarde a sus trabajos, porque la expectativa que generó Irving fue mucha.