El fotógrafo decidió salir una tarde, sin destino fijo, y carente de objetivos específicos para registrarlos en su cámara. Sin darse cuenta se vio en un poblado de la antigua zona canalera, en donde solo quedan en pie algunas edificaciones que, aunque silentes, hablan de un tiempo que pasó.
Decidió trabajarlas en blanco y negro o en negros grises, al fin y al cabo, el color no importa, ya que todo depende de la perspectiva desde la cual se mira.
Entre las imágenes también hay símbolos contemporáneos, que reflejan que los tiempos han cambiado, tales como el Puente Centenario que se yergue majestuoso en medio de la selva aminorando distancias y uniendo comunidades que antes se parecían lejanas.
El portador de la cámara vino de vuelta con un caudal de información eminentemente gráfico, pero con el suficiente contenido para no tener que alargar la historia, ratificando con ello que unas buenas imágenes, siempre hablarán más y mejor que una resma de papel con todas las tintas y colores del mundo.