“¡Vamos a ver el Altar de Zeus!”. La idea era del venezolano Frank López, un trigueñito flaco y no mayor de 24 años que labora en el diario El Universal de Caracas. Debo decir que los de más edad lo miramos un poco hartos; llevábamos medio día caminando y caminando y caminando. Porque a Berlín hay que mirarla, bebérsela, comerle cada rinconcito, a pie.
Así que el cansancio nos nubló el juicio. Preferíamos algún bar lleno de rusas de ojos azules y portentosas caderas. Pero él insistía y logró que las muchachas (la tica, otra brasileña y una boliviana que se extravió entre el siglo X y el V antes de Cristo), nos convencieran de viajar al mundo antiguo. Y eso hicimos.
La maravilla.Fue fácil entrar. Carnet de prensa y unas cuantas palabras en un inglés cocinado a las prisas. Gratis. Eso sí, las mochilas y abrigos debimos guardarlos en los anaqueles que están en la recepción. Con una moneda de un euro se activa la llave que cierra el sésamo.
Lo primero que entregan es un dispositivo con audífonos, de sencillísimo uso. Uno escoge el idioma (portugués, alemán, inglés, ruso, árabe o español), así como el trayecto que más le conviene. Puede ser uno largo, que demora casi tres horas, o los más modestos de media y una hora. Todos caímos en la trampa y votamos por la media hora, que no fue tal.
El hombre que hablaba en la audioguía aseguró que de la amplia oferta de exposiciones que tiene Berlín, el Museo del Pérgamo es el más visitado. Cuando cruzamos la entrada principal supimos por qué: el impresionante altar de roca viva, casi entero y a tamaño natural, ocupaba la enorme sala, y provocó en algunos de nosotros la impresión de que todo el tiempo que llevábamos vivos había sido inútil hasta ese día. El cansancio desapareció como por hechizo. Eran Zeus y Atenea librándonos de insignificantes dolores.
Cuando me preguntaba cómo habían hecho los alemanes para reconstruir el altar, trayendo pieza por pieza desde el Asia Menor (hoy Turquía), la voz de la audioguía, como leyendo mi mente, dijo: “La originalidad de este museo reside principalmente en su propio concepto: el inmueble no fue construido para albergar obras de arte, sino que primero se trajeron las obras de arte, y después, a su alrededor, se construyó el edificio”. ¡Wao!
El altar. Fue una obra grandiosa mandada a construir por Eumenes II Sóter en el Siglo II a.C., entre los años 164 a.c. y 156 a.C. Fue descubierto por los arqueólogos alemanes entre los años 1868 y 1873.
En la época clásica se levantaban templos dedicados a los grandes dioses o a los dioses locales de cada ciudad y delante de ellos se colocaban los altares para los sacrificios.
El de Pérgamo es una construcción colosal alzada sobre un podio, respetando la visión original; estaba construida en la segunda terraza de la acrópolis de la ciudad. El gran friso de las esculturas no formaba parte del entablamento, sino del podio del templo.
Es el ingeniero alemán Carl Humann, amante de la arqueología, quien envía a Berlín en 1871 tres fragmentos de lo que definió como una "lucha". Las piezas pasarán desapercibidas durante cinco años en el "Altes Museum" (museo antiguo). No será hasta 1877 que el arqueólogo Alexander Conze centra su interés en los fragmentos y pide a Humann que inicie la excavación.
El respaldo político y económico es total. El canciller Bismark quiere hacerse con una obra de referencia que legitime su recién inaugurado imperi o, pero las leyes en Grecia son muy estrictas en lo referente a la exportación de antigüedades, siendo más apropiado Turquía para las intenciones del triunfador militar. Las negociaciones tienen lugar en 1878-1879 quedando estipulado que los hallazgos pertenecientes al altar serán trasladados a Berlín, que compensará con 20.000 marcos al Imperio Otomano (Turquía).
La búsqueda del altar se centrará en el muro bizantino de la ciudad al sur de la acrópolis. Para remontarnos a su emplazamiento original hay que trasladarse a Turquía y viajar al mar Egeo. Frente a la isla de Lesbos, y a 30 km de la costa se encuentran actualmente las ruinas que rodean la ciudad de Bergama, construida sobre la antigua Pérgamo. Los elementos del altar habían sido utilizados para la construcción de la muralla, de tal forma que el relieve quedaba hacia el interior. En 1880 ya se habían desenterrado 97 láminas. Las prospecciones en la acrópolis pusieron al descubierto la base del altar. El traslado a Berlin se inicia ya en 1879.
El Museo fue inaugurado en 1930, pero el mundo no tuvo mayor oportunidad de verlo por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, el altar de Zeus no siempre ha estado en Berlín expuesto: entre 1945 y 1959, las tropas soviéticas lo desmantelaron y se lo llevaron como botín de guerra al Museo del Hermitage de Leningrado (hoy San Petersburgo).
La puerta de Istar.Es difícil cerrar la boca una vez dentro del museo. Más cuando se cruza hacia el ala occidental y se topa uno con una las paredes del mercado romano de Mileto. Pasando hacia el fondo, otra maravilla: la puerta de Istar.
La Puerta de Istar (o de Ishtar) era originalmente una de las 8 puertas monumentales (14 metros de altura por 10 de ancho) de la muralla interior de Babilonia, a través de la cual se accedía al templo de Bel, donde se celebraban las fiestas propias del año nuevo. El nombre de Istar lo recibe de la diosa del mismo nombre a la cual estaba consagrada.
Fue construida en el año 575 A.C. por Nabucodonosor II en el lado norte de la ciudad. Se compone de numerosos ladrillos vidriados, la mayoría de color azul (lo que la hacía contrastar fuertemente con todos los edificios de su alrededor), mientras que otros son dorados o rojizos. Éstos últimos se disponen dibujando la silueta de dragones, toros, leones y otros seres mitológicos. La parte inferior y el arco de la puerta están decorados por filas de grandes flores semejantes a margaritas. La Puerta de Istar contaba originalmente con dos esfinges dentro del arco de la puerta, que se han perdido hoy en día.
Los restos de la puerta original fueron descubiertos en Babilonia durante las campañas arqueológicas alemanas de 1902 a 1914. La mayoría se trasladó a Alemania, donde se reconstruyó la puerta y aún hoy se mantiene en exhibición.
Durante el gobierno de Saddam Hussein en Iraq, se comenzaron a reconstruir grandes zonas de la vieja Babilonia, entre ellas la Puerta de Istar, cuya réplica se levantó sobre el antiguo emplazamiento de la original.
Mileto.Otra puerta. Esta vez la que llevaba a un mercado. Tiene mil ochocientos años. Al tocarla uno se siente ínfimo, nada, un punto pequeñísimo e inservible en el espacio.
La Puerta del Mercado de Mileto, construida hacia el año 120 a.C. en esta localidad griega de Asia menor, en la actual Turquía, es uno de los ejemplos más conocidos de fachadas arquitectónicas romanas.
Con sus 28,92 metros de ancho y 17 metros de altura distribuidos en dos pisos es, junto al Altar de Pérgamo y la Puerta de Ishtar, una de las piezas arquitectónicas más destacadas del museo.
Esta magna obra servía de acceso al mercado sur de la ciudad de Mileto, cuya plaza estaba delimitada además por el buleuterion (ayuntamiento) helenístico y por un ninfeo monumental cuya fachada tenía tres pisos. En 538 d. C. Justiniano volvió a fortificar la ciudad, e integró esta puerta en la muralla. Antes de 1100 un terremoto la destruyó. Las excavaciones dirigidas por Theodor Wiegand y Hubert Knackfuss entre 1903 y 1905, recuperaron partes fundamentales de la puerta, integradas en la reconstrucción realizada posteriormente en el Museo de Pérgamo en Berlín tal y como hoy podemos admirarla.