Walter Sanseviero es un librero que muy bien puede pasar por baterista de rock. Eso a simple vista, claro. Es peruano, pero parece de cualquier otro país sureño. Lleva en Panamá solamente meses, porque su esposa trabaja aquí. Desde un ordenador de una habitación que da a la calle, una bajada caliente, maneja las dos tiendas de libros El Virrey, que atiende el resto de su familia en el corazón de la tierra que vio nacer a Mario Vargas Llosa, un icono cuando se habla de letras y de política.
A Walter le cuesta aún dar su dirección. Subir una loma, doblar a la derecha, subir nuevamente y nomás. En ese trayecto, bajo el sol picante de las diez de la mañana, pide disculpas al periodista y al fotógrafo varias veces.
Antes de venir, debido el trabajo de su esposa en esta ciudad, vivió en México, donde recorrió hasta el último rincón donde había un libro. Otra de las pasiones que tiene, es bucear, comprar y leer libros que ya están fuera de circulación, unas cinco horas al menos.
Se considera catador de libros, autodidacta. Desde pequeño respira el olor del papel. Su padre inició esta tienda en un espacio pequeño. Muy pequeño hasta para una tienda de libros, unos 70 metros cuadrados. A los siete años, ya El Virrey tenía una nueva casa, de 140 metros cuadrados, hoy tiene 400 metros.
Sobre el porqué se llama El Virrey, es herencia de su padre, quien sentía pasión por los libros viejos, a tal punto que en la actualidad la librería tiene dos caras, una de libros nuevos y la otra de libros viejos.
La residencia de este librero tiene huellas mexicanas. En las paredes hay cuadros, plumillas, retratos, colgados y en el piso para su propio consumo. En una de las habitaciones hay libros, como si fuese una tienda. En la otra hay material variado. Desde libros viejísimos hasta cuadros y objetos, enfriados para el mantenimiento.
Uno de los temas obligados de este encuentro es el costo de los libros. Walter reconoce que en los dos últimos años ha aumentado por el costo del transporte. Este fenómeno ha obligado a los panameños a traer más cantidad de obras de países americanos que de Europa, específicamente de España.
Lo que se vende en El Virrey llega al Perú por el océano, un 80 por ciento o más, el resto y por urgencia se lleva por aire.
Pero no solamente los costos de transporte hacen que suba el precio de los libros.
"Las propias editoriales hacen que se encarezcan los libros, estas empresas no ponen el énfasis que ponen las pequeñas editoriales por revisar qué van a imprimir. Si se publica menos el libro sería más barato", explica.
En el Perú hay fechas buenas y flojas para la venta. Cuando se acerca el mes de noviembre, los libreros saben que tienen que llenar los estantes, se acerca diciembre y es el mes en el que la gente compra más obras. Los tres primeros meses del año hay una baja.
“Soy muy desordenado”. Así se describe como lector. En cuanto a la temática, la historia queda en primer lugar. Luego viene la política y la literatura, pero no la literatura como ficción, sino la formación de las corrientes y momentos literarios.
Ante la lucha de muchos países de aprobar una Ley del Libro, éstas aún no dan los resultados esperados.
"Logramos quitar el 12 por ciento del arancel que se pagaba por el ingreso de los libros, que era un hachazo para el negocio; si traías una carga de 12 mil balboas te imaginas cuánto es el 12 por ciento. Todavía no se ve el alcance real de la Ley", reflexiona.
El Virrey tiene mesas para lectura y mesitas para el café gratuito que ofrecen a los clientes, similares a las tiendas panameñas que Walter ha recorrido. Hasta "Salsipuedes" lo ha llevado su olfato por los libros antiguos. En esa calle oscura con pilas de cosas sobre mesas improvisadas no encontró mucho, "son textos escolares". No fue sorpresa. Antes de llegar a Panamá había preguntado cómo era el negocio librero panameño.
Walter está presente en todas las ferias del libro. Está en preparación para irse a Argentina, luego pasará a Colombia. Los cinco últimos años viaja a Guadalajara, la que considera la feria más importante de América.
"Esos días son para hacer contactos, me gusta la comunicación, conversar de la gente, es un encuentro físico con los editores", dice.
Este librero sabe de libros. Los organizadores de la Feria del Libro de Panamá se le acercaron para pedirle contactos, puesto que Perú es el invitado para el próximo encuentro de agosto.
Entre las sugerencias que les dio a los organizadores es que apelen a los amigos de Mario Vargas Llosa para que el novelista esté presente. Los canales diplomáticos pueden no resultar en estos casos.
"Para esa fecha, el creador de Lituma pasa fiestas patrias en su tierra", reveló.
Un tema que no pudo faltar y que se tocó al final de esta entrevista es el plagio del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, narrador peruano ganador del premio Planeta, quien ha sido condenado por los tribunales por publicar artículos de otras personas.
"Creo que algo de cierto debe haber en esos 21 casos de plagio, un delito que ha salpicado hasta premios Nobel, como el portugués José Saramago, contra quien un periodista mexicano puso una querella.
Una medida para bajar el costo del libro es que las editoriales pequeñas de varios países se unan e intercambien derechos, esto hará que el libro salga del mercado, y no ocurra lo que vemos hoy, que los libros se venden son los que las editoriales grandes quieren que vendan, muchos resultado de premios.
"Esto no quiere decir que todos los premios sean malos, hay premios de menor cantidad de dinero que son muy buenos, como el Tusquets, que se declaró desierto el año pasado", terminó.