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‘En Panamá no tenemos espejos para vernos’

Cuando se escribe con el alma, pero se revisa mil veces con la mente, no hay deudas que saldar. El autor debe estar preparado para el escrutinio público.


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

El fracaso y el éxito son muy relativos

  • “Nuestra sociedad está estigmatizada entre dos extremos que trato de excluir de mi vida: éxito y fracaso. No solo podemos enseñarles a nuestros niños el deleite del éxito personal, también lo hay colectivo, e incluso, este último, tiene una fuerza mayor”.
  • Gonzalo Menéndez

El ascenso parece una rutina en la vida de Gonzalo Menéndez González. Antes conquistó cumbres como el Chimborazo, el Cotopaxi y el Tungurahua en Ecuador, así como el Illimani y Huayna Potosí en Bolivia, entre otras. Ahora planta bandera en otras cumbres: las de la literatura.

Aunque no acepta que su evolución ha sido vertiginosa en cuanto a la premiación de sus obras, un par de distinciones en los últimos dos años evidencian que sí está escalando.

Recientemente, se anunció que este profesional de la geoquímica (en un tiempo, el único del país), ganó el premio José María Sánchez 2012, el cual vino a sumarse al 9 Signos de minicuentos Rafael De León-Jones, que obtuvo en 2010.

Hablando de cumbres y alturas, Menéndez González se apura a explicar que hay una diferencia entre andinismo y alpinismo. Lo suyo es el andinismo, cuyo secreto estriba en que el andinista debe hacer un acercamiento previo a la elevación que pretende conquistar, incluso acampar en sus alrededores para aclimatarse y adaptarse al ambiente, antes de atreverse a dar el siguiente paso. En cambio, el alpinista solo llega y se lanza a la conquista.

En su oficio de escribir, parece que Menéndez González está aplicando sus dotes de andinista y a la vez que abona el terreno para un salto más grande.

Un nuevo premio.
Esto como que se está volviendo costumbre.

No, no es costumbre, creo que lo llamaría persistencia. Es una cierta disciplina en ciernes que trato de mantener, al igual que muchos nuevos escritores.

Ahora se trata del José María Sánchez 2012, ¿qué representa este galardón?

Un premio siempre persigue congraciar un esfuerzo, destacar un hecho, una obra o persona sobre los demás. Me siento complacido, aunque algo temeroso por ese hecho en sí. La modestia es un valor que nunca debemos olvidar, y los premios nos tientan a dejarla de lado. Me mantengo alerta a ese fenómeno.

¿Se podría decir que va por buen camino, ya que este premio ha sido ganado por figuras sobresalientes de la cuentística nacional?

En efecto así me siento, orgulloso de este reconocimiento y sabiéndome bien enrumbado en las letras nacionales. En particular, creo y lo he manifestado anteriormente, que la literatura nacional está renaciendo con una generación, especialmente de cuentistas y poetas, que viene con fuerza y determinación. Me sumo, con poca modestia, a ese movimiento cultural.

'Mirada de mar', ¿qué contendrán estos cuentos para haber merecido el aplauso del jurado?

“Mirada de mar” es un conjunto de siete cuentos, que he enmarcado de manera coherente (y en este punto quiero hacer un pequeño alto para mencionar que tal unidad es un acto consciente; la obra original sufría de altibajos y luego de múltiples revisiones, la perfeccioné en torno a un estado emocional, ya fuera de pena o despecho, de alegría, amor o simplemente de nostalgia profunda. Estas historias siempre están enmarcadas por hechos históricos reales, en los que he desarrollado la fantasía de mis personajes. He autodenominado a ese estilo ‘la fantasía histórica’. Este nuevo libro estará a la venta bajo el sello editorial de la UTP el próximo año.

El título se puede interpretar de varias maneras, ¿qué es o desde qué perspectiva está planteada esa ‘Mirada de mar’?

En el cuento que le da el título a la obra, hay una hermosa chica de ojos espléndidos que cautiva por décadas a un hombre, quien retorna del exilio. Él se refiere a ella como la mujer de sus sueños, con su “mirada de mar”, quizás por el color de sus ojos, su misterio indefinible y la fuerza milenaria que lo hipnotiza desde siempre. Hay quienes tienen ese poder de seducción.

¿Tiene alguna referencia sobre los términos en que se dio el fallo?

El jurado en su fallo mencionó que la obra es una muestra de "sensibilidad y erudición en las artes -música, literatura, pintura-; además su prosa tiene muchos elementos poéticos y parece pintar paisajes con palabras".

Extraoficialmente, se supo que compitió entre muchos de los cuentistas más sabidos del patio, ¿cómo valora este premio con respecto a otras satisfacciones que le ha dado su carrera literaria?

Para mí es importante por el carácter funcional o instrumental del concurso. Es reconocer que hay buenos valores literarios emergiendo, una punta de un iceberg que empieza a mostrarse a nuestro entorno cultural y que grita que hay historias que quieren ser leídas, analizadas, comentadas. Siento que haber estado disputando con buenos candidatos no solo me enaltece a mí y la obra premiada, sino a ellos también. El valor es del conjunto. Sin duda es un peldaño más.

En el reciente concurso Ricardo Miró, entiendo que una propuesta suya estuvo entre los finalistas, ¿es cierto?

Sí, es cierto. El premio Miró es una cúspide nevada que me exige mayor entrenamiento para alcanzarla. Lo he intentado dos veces y en ambas ocasiones he quedado en las cercanías de la cima. Digamos que seguiré intentándolo hasta lograrlo. El Cervino, un emblema del montañismo mundial ubicado entre Italia y Alemania, fue coronado inicialmente con éxito por unos alpinistas tenaces que por más de diez años lo intentaron por diversas rutas. Me siento como uno de ellos, cada vez más cerca.

¿Cómo interpreta a esta especie de revelación en que se ha convertido su labor como cuentista?

La verdad es que no es una revelación. Desde pequeño leí mucho y lo sigo haciendo de manera placentera. Es un estilo de vida. Siempre escribí también, la diferencia está en que en aquellas ocasiones el acto de escribir era una especie de redención personal. Ahora, hay tanto que decir en poemas o cuentos, que creo que ha llegado el momento oportuno de hacerlo. Eso persiguen mis historias. En cuanto a la cotidianidad, ser cuentista es una lucha temporal entre los deberes profesionales, la vida familiar y la creación literaria. En pequeñas sociedades como la nuestra, es muy difícil, y no pretendo hacerlo, pues disfruto muy bien mis otras actividades, vivir del arte. Felicito de corazón a quienes lo logran en Panamá, es un doble reconocimiento.

¿Es usted de los autores que escriben pensando en los concursos?

Hay muchos concursos literarios de habla hispana abriéndose y cerrando cada mes. Basta con ver la página web www.escritores.org para informarse. Sería absurdo no tentarse con competir en ellos. Los concursos se plantean, al menos en mi caso, como una forma de medir la calidad de la obra. Sin embargo, hay íconos. En Panamá y Centroamérica, bajo el género cuento, el premio Miró, el José María Sánchez y el Rogelio Sinán son hitos que todos quisiéramos tener en nuestro camino. Sería hipócrita no admitirlo. Sin embargo, conozco algunos colegas que nunca participarían en concursos literarios, y esa actitud es respetable.

¿Qué pretensiones tiene con este oficio de escribir?

Llegar lejos, tanto como se pueda.

¿Está consciente de que se trata de un asunto serio y eventualmente la crítica y los lectores le pedirán cuentas?

Cuando se escribe con el alma, pero se revisa mil veces con la mente, no hay deudas que saldar. El autor debe estar preparado para el escrutinio público. Es parte de la tarea de hacer un pensamiento público. Algo así como sustentar lo dicho. Por eso, lo mejor es estar académicamente preparado y mentalmente dispuesto al intercambio de opiniones. No le tengo miedo a la crítica, creo que es bueno tenerla cerca, y en Panamá, por cierto, casi no tenemos críticos de arte. Como ejemplo de esto, te puedo mencionar que mi libro anterior “El síndrome y otros cuentos” fue duramente criticado en su momento por un jurado del concurso Rafael de León - Jones, y su aceptación en el público me ha concedido la razón. Creo que la crítica me sirvió también para revisar y mejorar mi obra. Es lo menos que se esperaría de un novel literato.

¿Pensó alguna vez que el reconocimiento a su obra (talento) sería de manera tan vertiginosa?

La verdad es que no creo que haya sido vertiginosa. Es un premio que me alegra recibirlo, pero sigo escribiendo, experimentando con las formas, buscando temas nuevos y tratando de adquirir esa rutina que hace grande a los grandes. No es fácil. En este sentido doy un reconocimiento al trabajo de los talleres literarios, los cuales permiten orientar y calificar la obra incipiente. Sin ellos, la calidad de muchas obras sería otra. Creo en ese ejercicio de superación a través de la exposición y la reflexión.

¿Hacia dónde está apuntado?

A la felicidad. Si me lo preguntas en términos de mi labor creativa, te puedo afirmar sin ánimo de pasar por pedante, que no creo que haya escritor que no quiera que su obra trascienda, ya sea en un bar entre amigos borrachos o en un libro de fama mundial, el espectro es muy amplio. Por lo tanto, yo quisiera que mi obra cumpla su propósito de ser leída. Supongo que allí reside mi felicidad literaria. Para ello hay siempre instrumentos, entre otros, los concursos literarios. Me gustaría soñar con la posibilidad de que no solo mi obra, sino la de muchos buenos jóvenes valores, sea divulgada en las escuelas y centros de estudios. Que aquella idea de la actual ministra de Educación sea revisada y que los escritores locales, no solo los jóvenes de bachillerato, sean el norte de la crítica, porque nuestras obras dibujan una sociedad que también debe ser revisada. En Panamá no tenemos espejos para vernos, las artes son ese artificio, pero los funcionarios de los gobiernos responsables de lo cultural no se han dado cuenta de ello. Para pretender e ir al baile del pueblo, debemos acicalarnos frente al espejo…

¿No le parece muy alto?

En mi vida deportiva me dediqué a escalar montañas nevadas. Eso que erróneamente se denomina en América Latina, alpinismo. Muchas cumbres logré en esos años: Chimborazo, Cotopaxi, Illimani, Tungurahua, Huayna Potosí y muchas otras. Cada vez teníamos nuevos horizontes. Luego, regresé a Panamá, y no continué con ello. Mis compañeros de montañismo ya han subido grandes montes, como el Everest. También han ido al Polo Sur y al Norte, y estoy seguro de que donde estén, están ideando nuevos retos. Así me forjé. Siempre buscaré nuevos retos. Cuando se alcanza el anterior, es necesario migrar si no se corre el riesgo de la pretensión.

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América