El párroco Pedro Rangel, de la localidad colombiana de Chinácota, cercana a la frontera venezolana, está encerrado "con candado" por sus feligreses desde el domingo para evitar su traslado, informaron ayer fuentes municipales.
La jefa de Asuntos Comunitarios y Campesinos de Chinácota, Alba Hernández, declaró que Rangel se encuentra en la casa parroquial junto con su secretaria desde ayer, ya que los fieles se oponen a que sea trasladado a Cucutilla, otra población del departamento de Norte de Santander, en el noroeste de Colombia.
"La mayoría de la comunidad lo tiene retenido, pues no queremos que se vaya. Hemos tomado una medida no muy adecuada, pero lo hacemos para que la archidiócesis nos atienda y suspenda el traslado", manifestó Hernández.
El párroco, que trabaja en Chinácota desde hace cuatro años y es apreciado por los feligreses, fue obligado a quedarse bajo llave después de la misa matutina del domingo, por lo que no pudo celebrar los oficios restantes del día, y recibe alimentos por una ventana de su oficina, dijo la funcionaria.