[B]“La amistad es una barra que ni el tiempo puede doblar” Enrique D’arena[/B]
Tropezar en la vida con Eneida y Harry Iglesia, me sirvió para confirmar que la amistad existe. Para nada fue necesario el mutuo conocimiento íntimo, que de por sí es una falacia. ¿Qué me puede importar que no les guste el pan de centeno, que consiguieron rebaja en la cuenta del agua, o que sigan esperando a Godot? Me basta compartir algunas de sus ansias, de sus deseos, de comentar sus libros favoritos y de entender los pasatiempos que los distraen y los ayudan a vivir. Para querer a alguien no es necesario un conocimiento a fondo; creo que lo importante es pegar cuidadosamente, con cemento de sinceridad, esas piezas irregulares que conforman una querencia; dejarse llevar con suavidad por el atractivo que sientes hacia esos seres, sobre todo cuando te das cuenta de que los une un montón de afinidades. Con Harry y Eneida nos unió el amor al teatro. ¡Que si lo amamos! ¡Hombre, fue la mejor parte de nuestras vidas! (Atrevido, me incluyo).
Mantengo fresco en la memoria a Eneida en el papel de la Nona, nunca una actuación me ha sacudido tanto, fue tan buena que sentí deseos de estrangular a mi buena amiga. Por otro lado, en cualquier momento me es fácil evocar a Harry como el avaricioso Rodolfo, aunque en la vida real fue un hombre que calificaría de extremadamente generoso. Así son, así fueron ambos tan buenos actores.
Eneida es una de las amigas que me clavaron en el cerebro que es una necedad hacerse mala sangre siendo tan corta la vida. Por su parte, Harry me asombró con su hombría de bien que le imponía cumplir con el precepto de noblesse obligue. En un mundo en el que nadie perdona, este caballero no sólo perdonaba, olvidaba. ¡Bravo, amigo Harry! ¡Gracias, amiga Eneida, por las lecciones que me dieron! Yo, a pesar del montón de pelos de tonto que me quedan, no las desperdicié.
Sigo feliz y orgulloso de haber podido llamar a Eneida y Harry mis muy queridos amigos . Esta columna es mi manera de pedir perdón a Eneida por no haberla acompañado en la pérdida de su otro Harry, el hijo, que también fue mi amigo. Cierro antes de que descubran que derramo un par de lagrimones.