El primer semestre de este año y, por ende, de la temporada hípica se ha cumplido con un rendimiento, porcentualmente hablando, por debajo del mismo periodo del año anterior.
Las apuestas al final del mes de junio indican que se jugaron unos 9 millones y medio de balboas, incluyendo las carreras nacionales, así como las de procedencia internacional. Estas últimas han mantenido un paso ascendente y a juzgar por la promoción, la proliferación y calidad del espectáculo, eventualmente los eventos en vivo, desde el punto de vista de las apuestas, serán un complemento del simulcat y no lo contrario, como lo manda la tendencia universal.
Pero, más allá de las comparaciones de carácter cualitativo, entre las carreras nacionales y las del simulcast, existen una serie de factores que de manera solapada están obrando en desmedro de la industria hípica nacional.
Quienes son fieles a la carreras nacionales - que por cierto son muchos- se han visto prácticamente forzados a acomodar su itinerario a la programación internacional y, obviamente, su único mecanismo de resistencia es la abstención.
Por ejemplo, las noches del jueves que son las más paupérrimas en lo que apuestas respecta, evidencian una inconsistencia casi insoportable en cuanto a la hora de inicio de las carreras y la "horas de partida". Resulta ser que si usted planea irse del hipódromo a las 9:00 no se puede confiarse mucho, puesto que al última hora pudiera irse 15 minutos antes o, en el peor de los casos 15, 20 ó 30 minutos después. Lo que anuncia el Programa Oficial, no es tan oficial nada.
En lo que respecta al orden de las diferentes jugadas, eso es otro suplicio. Ya nadie sabe en qué carrera comienza el primer Pool de Tres o si el 5 y 6 arranca en la segunda, la tercera, la cuarta o la quinta carrera. Usted solicita una dupleta en determinada carrera y cuando reacciona se percata de que abrió hace rato y sin que se diera cuenta.
Se dijo que estos cambios se darían para mejorar el volumen en las jugadas exóticas (pool de tres, trifectas, cuatrifectas y 5 y 6), sería bueno que divulgaran las cifras para que constatemos si estos cambios (que no paran de cambiar) han servido realmente a mejorar las apuestas o si por el contrario, han obligado a mucha gente a despreocuparse para no pasar un mal rato y optan por contribuir al incremento de los ingresos de las cantinas o hablar de todo, menos de caballos y apuestas, que es para lo que llegan al hipódromo y sus agencias.
Las iniciativas en cuanto a actividades y promociones que ha hecho la actual administración no pueden negarse, pero nos parece el "aspecto puramente hípico" debe ser reforzado.
Ojalá los apostadores de las carreras nacionales recibieran las mismas "ofertas" y regalías que se otorgan a los del simulcast. Nos atreveríamos apostar que la gente se volcaría a respaldarlas, puesto nadie que sea amante de la hípica o de cualquier deporte puede decir que disfruta más estar sentado ante un televisor que ver la acción en el escenario de la competencia.