"No, hombre, adentro no" ?me dijo y agregó:? "Demasiado aire puro hay allá afuera y mucho verde, seguro funcionaremos mejor los dos". Y me sacó del estudio al pequeño balcón que sí, ciertamente, es como el puente de un barco que domina un buen mar cumbreño. Creo que ya lo tenía planeado desde que subió y vio el salvavidas que tengo colgado a la entrada. Puso un fondo negro en la pared y me pidió que metiera la cabeza en el salvavidas. Fue la primera foto. Me sentí como lo que soy: un viejo escritor náufrago en un mar de letras. Nos reímos mucho y el hielo quedó vuelto frapé. Nos divertíamos y también divertíamos a María Elena que nos acompañaba. Entramos, tomamos café y unos bolillos de yuca que nos brindó Indira y que yo nunca había probado. Intercambiamos experiencias. Él también fue de alguna forma marino (cuando cumplió su servicio militar en la Armada). Se soltó conmigo y yo me solté con él. Creo que nos sentimos cómodos como debe ser el inicio de una buena amistad. Le tomó fotos a Mili con sus bonsais. Me hizo sacar un banquillo para que pareciera un Buda sentado en medio de la calle. Ah, este Daniel, más que travieso (como su homónimo de la tira cómica) es un mago creando imágenes, en las que captura cualquier misterio que rodeé sus objetivos.
Como le había contado que mis cenizas irían al aire desde "La esquina de los Cuatro Vientos" en Las Bóvedas. Insistió que fuéramos allá. La solitaria y ventosa esquina no lo convenció, pero al bajar habló con un colega que tomaba fotos a una reina Kuna y me hizo posar con esas bellas indígenas. Bajamos por Calle Tercera hasta la playa de Sto. Domingo que tenía mil años de no pisar. Después de unas cuantas poses, me sorprendió haciendo brincar piedras en la superficie del mar.
Daniel Mordzinski, fotógrafo de barba internacional, de lejano acento gaucho y de gorra nerudiana, conoce el mundo tan bien como a su cobija; esconde un feliz sentido del humor tras una cara que pretende ser seria. Su instinto literario (quien bien habla bien tiene que escribir) lo impulsó a coleccionar fotos de escritores entre los que me veo tirando manotazos a ver si se me pega algo.