Los únicos episodios que no nos cansamos de ver repetidos son los de Trespatines. Todas las otras repeticiones aburren y hasta colman nuestra paciencia, pero tenemos que volver sobre un asunto que ya hemos tratado, porque los consideramos como el talón de Aquiles de las competencias.
Se trata de las constantes demoras detrás del partidor, previo a las competencias que se realizan semanalmente en el hipódromo.
Parece un mal que no tiene remedio y en ello no importa la calidad, edad ni experiencia de los participantes; igual demoran una eternidad para quedar “todos listos” y que se den saques parejos.
Solo basta con ver el Informe del Cuerpo de Comisarios de las reuniones más recientes para confirmar que, de milagro, la primera carrera comienza a la hora estipulada en el Programa Oficial. Hacerle caso a la cuenta regresiva que aparece en los monitores instalados en las agencias de apuestas y en el propio hipódromo es perder el tiempo, porque aunque en ellos se indique que falta “cero minutos” para la partida, la realidad suele ser otra.
Ni hablar de la mala costumbre que tienen nuestros jinetes de bajarse de sus monturas y encaramarse sobre las estructuras del partidor, supuestamente para protegerse en caso de que algún animal se encabrite.
¿A quién responsabilizamos de estas malas prácticas? A todos: palafreneros, jinetes, entrenadores y autoridades que no se han mostrado diligentes en hacer cumplir el horario de partida, en que los caballos sean bien educados y en que el personal que los maneje lo haga de manera menos tosca.
Mientras eso sucede, no queda más que seguir viendo la misma película y reír para no llorar, ante tanta desidia. ¡Cosa más grande de la vida chico!