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Esas torpes palabras malhadadas

Llevo unos días teniendo que oír y leer adjetivos calificativos contra los españoles y no puedo por menos que sacar los colmillos a relucir. Muchos pusieron, a base de esfuerzo, sudor y lágrimas, ladrillos que han levantado los pilares del Panamá actual.


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / Antropóloga, actriz y escritora

No entro ni salgo en los entresijos de los dimes y diretes que están ahora mismo en boga y en boca de todos. Me importa un pito si uno dijo y el otro creyó, si unos creen ser más listos que nadie y los otros trataron de jugarles la pacheca. Me da igual quien tiene la culpa. Porque, seamos claros, la cosa es que son blancos y se entienden, al final la cosa se arreglará y el Canal se concluirá. Y los de a pie seguiremos tratando de poner la comida en la mesa todos los días. Pero como siempre, hay algunos que entran al trapo en cuanto creen tener un tema de conversación. Y se oyen y se leen verdaderas estupideces. Yo trato de respirar cuando me saltan a la cara, trato de tragar la bilis cuando dicen determinadas cosas delante de mí, y sonreír como si no me sintiera aludida. Trato de entender que sin generalizar no se puede comunicar, pero aun así llega un momento en el que clavo el freno y digo: “Hasta aquí”. Y hasta aquí empiezo a escribir.

Soy española. Emigrante. Dejé hace muchos más años de los que hubiera querido mi tierra y a mis padres. Mis hermanas. Mis luces y mis olores. Mi comida, mi sentido del humor y los caminos conocidos, para hacer una vida nueva en este pedacito de tierra. Mis hijos son panameños y me encanta el sancocho. Aun así, todos los días lloro por dentro de angustia y de anhelo.

Los panameños emigran poco, muy poco. Salen y viajan, sí. Pero siempre regresan. Se aferran a su terruño con uñas y dientes, al sol, a la lluvia tenaz y a los carnavales. Y a ese sentido extraño de vivir al día como si el mañana se diera por supuesto. La mayoría no son capaces de entender lo que duele dejar atrás lo que conoces para empezar de nuevo en un lugar extraño.

Soy la primera en defender a mordiscos este país que me ha dado asilo. Lo he hecho en varias ocasiones y lo seguiré haciendo. Y soy la primera en decir que si no estás feliz en él deberías hacer las maletas y largarte. Pero bueno está lo bueno, llevo unos días teniendo que oír y leer numerosos adjetivos calificativos contra los españoles y no puedo por menos que sacar los colmillos a relucir. No se confundan, señores panameños, listillos, imbéciles, y demás fauna impresentable, tenemos en España para exportar. Gilipollas, los llamamos. Y nadie lo niega. Pero que ustedes abran la boca para insultar a diestro y siniestro a ‘los españoles’ no es justo, ni es cierto. Porque hay muchos españoles, (pero muchos), que han contribuido de múltiples formas a construir el país donde vivimos. Muchos pusieron, a base de esfuerzo, sudor y lágrimas, ladrillos que han levantado los pilares del Panamá actual. Y no es justo que paguen justos por pecadores. Cuando ustedes generalizan, nos hacen daño a todos. No, no me vale que me digan: ‘eso no va contigo’, porque sí que va, conmigo, con mis hijos, que también son españoles, y con miles de otros que sabemos lo que es que te duela el corazón todos los días de morriña y aun así seguimos al pie del cañón tratando de hacer un Panamá mejor para todos.

Así que ya saben, por favor, dejen ya la pendejada de ‘los españoles…’ porque a lo peor y la siguiente vez se llevan una fresca que les explica cómo somos los españoles cuando nos cabreamos. Que por algo aún se sigue recordando Rocroi.


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915851
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América