Sumidos en la impotencia y el llanto, los familiares de entre 50 y 70 buscadores de oro, atrapados el jueves en una mina de la localidad colombiana de Filadelfia, aguardaban ayer el rescate de sus seres queridos, luego que los socorristas hallaran 39 cadáveres en medio del lodo.
Con la tragedia reflejada en sus rostros, los padres, esposos, hijos y hermanos de las víctimas se aglomeraron desde tempranas horas en los alrededores del yacimiento, anegado por las aguas del caudaloso río Cauca, con la esperanza de recuperar, por lo menos, los restos mortales de sus parientes.
La mina a cielo abierto de La Amapola de Filadelfia, parecía una laguna repleta de partes de cadáveres y toneladas de lodo y piedra, que las brigadas de socorro trataban de evacuar con tractores y palas mecánicas.
Desesperados y provistos de herramientas, varios de los familiares advirtieron a las autoridades y los organismos de socorro que están dispuestos a atravesar el río y rescatar a las víctimas por sus propios medios.
La catástrofe, según diversas fuentes, dejaría un centenar de muertos, entre ellos familias enteras, incluidos muchos niños y jóvenes que habitualmente acompañaban a sus padres en las faenas en la mina, la cual era operada de manera ilegal y artesanal por los buscadores de oro que usaban dinamita para remover la montaña. Un hombre que decidió morir abrazado a su esposa, al ver que no podía rescatarla, dijo un sobreviviente.