¿El escritor nace, o se hace? En lo particular, creo que todos nacemos con ese talento y el medio se encarga de abonarlo o erradicarlo. Por mi trabajo docente he sido testigo de la forja de muchas promesas locales; en dos columnas mencionaré a seis jóvenes con una obra literaria vigente, quienes empezaron a publicar siendo estudiantes: Ramón Francisco Jurado (1979), Eloy Fisher (1981), Gloria Rodríguez (1981), Javier Alvarado (1982), María Gilma Arrocha (1982) y Javier Romero (1983).
Ramón, Eloy y Gilma eran los típicos estudiantes a quienes cualquier conocimiento les parecía poco, y siempre buscaban más. Ese interés los llevó a escribir libros al tiempo que cumplían sus estudios, bajo las ramas tutelares del fructífero Círculo de Lectura de la USMA, que en buena hora capitaneó el profesor Ricardo Ríos. Ramón nos sorprendió con una novela del género negro, de inmediata acogida entre la muchachada: "Mirada siniestra" (2002), thriller ambientado en las calles de Panamá en la encrucijada de dos siglos, con asesino en serie, detective depresivo, dama en peligro, carreras de autos y una bien dosificada dosis de suspenso e intriga. A esta novela le seguiría "La niebla" (2005) y una secuela que nos llega ahora desde su blog.
Eloy publicaría, también en el 2002, "Diario en verso", vivencias que demuestran la capacidad del autor para interrogar a su mundo y su momento. Justo por esos días, María Gilma (Sofía Santim) nos ofrece la primera producción de una exitosa lista de poemarios que la exponen como una de nuestras voces más prometedoras: "El rostro de la soledad" (2001), luego "Cenizas" (antología variada, 2002) y "Encontrarás" (2006).
En el 2000, Javier Alvarado, estudiante de secundaria, se lleva uno de los premios de poesía más codiciados: el Gustavo Batista, del INAC. El novel poeta pisaba fuerte en la liza, con un libro de desusada madurez: "Tiempos de vida y muerte", al que seguirían nuevos premios, la autenticación de un peculiar estilo erótico y existencialista, y otras publicaciones: "Caminos errabundos y otras ciudades" (2001), "Poemas para caminar bajo un paraguas" (2003), "Aquí todo tu cuerpo escrito" (2005), "Por ti no pasa nunca el tiempo" (2005), y otros trabajos que hablan bien de su creciente valor en las letras panameñas.
Se acaba la columna; la próxima semana, con el favor de Dios, hablaremos de los otros escritores ya anunciados.
"Distínguete como panameño, lee a los autores nacionales".