Las autoridades haitianas contaban el lunes montañas de boletas de las elecciones legislativas y locales que deberían reencauzar esta caótica nación caribeña hacia la democrática.
El recuento caótico, que siguió a la elección de ayer, caracterizada por una participación inesperadamente alta de los ciudadanos, fue "muy desafortunado", dijo el embajador Orlando Marville de la OEA, supervisor de más de 200 observadores extranjeros.
Entre tanto, el partido Lavalas del ex presidente Jean-Bertrand Aristide reclamó la victoria.
En un comunicado conjunto, los partidos opositores denunciaron un presunto "golpe de Estado electoral" en gestación para darle una amplia victoria a Lavalas y Aristide, favorito para ganar las elecciones presidenciales hacia fines de año.
Las acusaciones recíprocas de fraude en las elecciones de 1997 provocaron una ruptura entre el partido mayoritario en el parlamento y el presidente Rene Preval, aliado de Aristide. En 1999 Preval disolvió el parlamento para gobernar por decreto, una anomalía que la elección de ayer debía subsanar.
También están en juego 500 millones de dólares en ayuda exterior cuya entrega está suspendida hasta que Haití instaure un gobierno constitucional.
Millones de haitianos concurrieron ayer a las urnas a pesar de los temores de que habría actos de violencia.
Políticos opositores dijeron que los partidarios de Aristide controlaron los comicios y expulsaron a los observadores.
"No aceptaremos los resultados de estas elecciones sin una evaluación" por observadores nacionales e internacionales, dijo Evans Paul, vocero de la coalición de cinco partidos Espacio para la Concordia. "El manejo de la elección fue catastrófico".
Yvon Neptune, vocero de Lavalas y candidato a senador, dijo que las acusaciones provenían de "un grupo de políticos sin raíces en el pueblo".