Comprendida como lo que en algún modo alecciona o da ejemplo y experiencia, hay escuelas que las circunstancias hacen necesarias.
Una muy interesante funciona en Curundú, destinada a orientar a padres y madres de familia en cómo relacionarse mejor con sus hijos y cómo darle seguimiento a los deberes escolares en el hogar.
Qué alegría escuchar el testimonio de una de las madres de cómo aprendió a no tratar de mala manera a sus hijos, a tenerles más paciencia y a estar pendiente de que dediquen tiempo a sus responsabilidades escolares.
Otro padre de familia reveló que lo aprendido ha repercutido favorablemente en el rendimiento escolar de sus hijos.
Aunque no se estudia para ser un buen padre o una buena madre, a veces uno se sorprende de las carencias de muchos en cuanto a lo mínimo que se debe esperar de las relaciones con sus hijos. Lo que uno no ve son las circunstancias o experiencias de muchos, que los llevan a estas situaciones que tanto criticamos.
Pero mientras algunos criticamos, otros se dedican a construir, como la dirección de esta escuela primaria que, como requisito para aceptar a los estudiantes de este barrio, compromete a los padres y madres a asistir a la escuela para padres. Es una forma muy inteligente de involucrarlos y de ayudarlos a ser mejores.
En San Miguelito, entre tanto, funciona otro centro en el que se le ofrece terapia a hombres maltratadores para que aprendan a dominar la ira y eviten la violencia. Es otra escuela muy particular y necesaria, aunque no es un asunto de falta de educación formal, pues hay muchísimos hombres de saco y corbata, con mil títulos bajo el brazo, que necesitan con urgencia ir a esta escuela.
Hace poco me quedé impactada cuando escuché a una ex esposa de un hombre que ocupó un alto cargo en una empresa que es la envidia del mundo, confesar que él es un maltratador.