La selección española de baloncesto, que defendía el título, acabó en sexta posición en el Mundial que se disputó en Turquía, del 28 de agosto al 12 de septiembre, en lo que se puede considerar un fracaso después de un lustro de éxitos.
El equipo español no estuvo reconocible a lo largo del campeonato casi en ningún momento. Sólo en la victoria ante Grecia en cuartos (80-72) tuvo ciertos reflejos de lo que fue en estos últimos años de éxitos.