Si existen las derrotas dulces en una final olímpica, seguramente la sufrida por España ante Estados Unidos (8-5) sea el paradigma, porque el equipo de Miki Oca se ha estrenado en una competición olímpica a lo grande, optando al título y mostrando que todo es posible cuando existe un plan.
España no perdió ayer porque le pesó la responsabilidad ni tampoco porque no creyera en sus posibilidades, sino por la calidad del rival. Estados Unidos, que cedió ante las de Oca un empate en la primera fase, aprendió la lección, tiro de físico y de oficio.
A pesar de la derrota, la plata es el triunfo del método, de creer en sus propias posibilidades y de engrandecer sus cualidades. De echar por tierra los prejuicios, de acabar con los pronósticos y de pensar en positivo con independencia del rival.