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Espectáculo deleznable

¡Qué ponchera! Con esta expresión un mozalbete resume la escena que mira en la televisión en la que dos féminas se jalan de las


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

¡Qué ponchera! Con esta expresión un mozalbete resume la escena que mira en la televisión en la que dos féminas se jalan de las greñas disputando un amor.

Semanas, días y horas antes este joven había estado en “ring side” como observador de otros episodios de violencia, la mayoría de ellos más cruentos que el de las dos mujeres que trataban de partirse el cráneo estimuladas por algún coctel etílico.

Y hay más ejemplos de la violencia galopante que nos persigue y que en su mayoría la protagonizan jovenés. Que esto suceda alrededor de una mesa de dominó o a las puertas de una cantina es comprensible, pero que estos episodios empiecen a verse dentro de un colegio, es espeluznante.

Hemos permitido que los violentos -que por supuesto son la minoría- se infiltren entre el estudiantado y ganen terreno. Son los inadaptados quienes empiezan a poner las reglas, y eso no debiera permitirse. Como sociedad debiéramos cerrar filas para extirpar del sistema a quienes lo corroen y no castigar por generación espontánea a los que están concentrados en aprovechar los recursos que se ponen a su disposición. Satanizar a un colegio y a todos sus estudiantes por el comportamiento agresivo de unos pocos, no es justo.

Como tampoco es justo que se confunda a la opinión pública señalando que las medidas disciplinarias son un mecanismo para propiciar el cierre definitivo de un plantel con el fin de privatizarlo. Tampoco nos parece honesto que algunos sectores utilicen un problema como este para hacer política.

La violencia social no es un problema del gobierno de antes, de ahora ni del que venga, es un asunto colectivo y todos tenemos una cuota de culpa. El que algunos estudiantes se hayan desviado del camino es tanto responsabilidad de sus padres como de la sociedad, que muchas veces no dota a estos de las oportunidades ni los recursos para acompañar a sus hijos durante los primeros años de formación y como resultado tenemos adolescentes con valores endebles y una visión distorsionada sobre lo que es bueno en contraste con lo que es malo.

Que dos mujeres se jalen los cabellos en la calle o que unos estudiantes piensen que con máscaras y armas enfrentan mejor la vida son solo reflejos de esa misma “ponchera” que observan a diario entre quienes están llamados a dar el ejemplo, que se agreden constantemente, pero que no llegan a jalarse las greñas por mera apariencia, aunque poco les falte para ello.


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901473
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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