“Todo empezó en Churuquita Grande, como el gallopinto” Chichombolo
Tito Piedra me dijo, esta vez por teléfono, que si alguien me aborda y quiere establecer un diálogo conmigo y empieza diciéndome: «Siempre he pensado que usted es persona muy, pero muy inteligente…» Amigo mío, me advirtió, cuando escuches estas palabras, no lo pienses dos veces, lárgate de inmediato sin mirar atrás. Bueno, pensé, no tengo ese problema y creo que nunca lo tendré porque a nadie se la ha ocurrido empezar (ni terminar) una plática conmigo afirmando tal cosa. De todas maneras, de este tema pasamos a varios más, pero sólo comentaré uno de ellos.
—¿Sabes cómo me quito una angustia o depresión? –preguntó Tito.
—¿Cómo?
—Voy al gran almacén Félix y compró media docena de lápices labiales, de los más caros.
—¿Y qué quieres tú que yo haga con media docena de lápices labiales?
—Yo se los doy a mi nieta, tú, que no quieres que tus nietas se pintarrajeen, no debes comprar labiales, sino otra cosa.
—¿Cómo qué?
—Algo que tú siempre hayas deseado. Por ejemplo, unos zapatos número once.
—Pero si yo soy ocho y medio.
—Por eso, tonto, te mides los once, dejas que las mujeres que pasen cerca vean los tamaños zapatones que te estás midiendo y que piensen lo que quieran.
—Van a pensar que soy un fenómeno…
—Eso, precisamente eso es lo que te quitará la depresión. Te sentirás un fenómeno, querido amigo. Y las mujeres que te vean con zapatos número once lo sabrán, mejor dicho, lo pensarán.
—Pero, ¿y si el truco del zapato resulta pero no estoy en condiciones de responder?
—Serás menso, como dice mi cuate “Pocaluz”, ¿para qué están las pastillas mágicas que llegaron justo en nuestros “golden years”?
—Pero dicen que hay que tener mucho cuidado porque afectan al corazón.
—Lo que directo es al otro órgano que funciona al revés del corazón, porque es bueno cuando se para.
—De todas maneras eso no va conmigo. Tú bien sabes que a mí me dicen “Semper Fidelis”, o si lo quieres más moderno: “HiFi”.
—¿Cuentos a mí, Neco? Anda y compra las pastillas, tu mujer lo agradecerá y podrás degradar la Guanosina Monofosfato Cíclico de tus cuerpos cavernosos. Chao, ahí nos vidrios…
Estas marrumancias intelectualoides-científicas-humanitarias de mi amigo Tito Piedra son efecto del abuso del ají conguito en los guachos que le prepara la Isidora.