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Esta vez, los nubarrones fueron de verdad

Un par de detalles opacan el brillo de la metrópoli. Sobre ella se ciernen, literalmente, nubarrones de humo que le dan un semblante gris. En


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Un par de detalles opacan el brillo de la metrópoli. Sobre ella se ciernen, literalmente, nubarrones de humo que le dan un semblante gris. En cada esquina hay montículos de basura esperando ser removidos. Entre uno y otro escenario, respirar se ha vuelto un lío, porque en muchas partes de la ciudad hiede.

Nadie es culpable, o quizás todos lo seamos.

Los accidentes y los eventos de la naturaleza son hechos con los cuales debemos coexistir.

Pero cuando no practicamos normas ciudadanas pensando en el bienestar común; cuando dejamos todo al azar o la buena voluntad de unos pocos, lo pagamos caro, y los problemas que en otros lares son de poca monta, aquí degeneran en crisis que, eventualmente, consumen nuestra atención por días y alteran la paz de nuestras vidas.

Después sigue el alarmismo desenfrenado, la histeria colectiva y las reclamaciones trasnochadas, porque antes de que llegaran los problemas no desempeñamos la misión fiscalizadora para hacer valer nuestros derechos y garantizarnos las condiciones mínimas de seguridad y sosiego.

Se comprueba una vez más que no hay mal que por bien no venga. Lo sucedido esta semana con el fuego en el vertedero de Cerro Patacón y que nos tuvo en vilo por varias horas, permitió que volteáramos la atención hacia un punto que se ha ido convirtiendo en una bomba de tiempo, cuya amenaza comenzaremos a minimizar cuando tengamos la cultura de disponer de la basura de manera civilizada.

La selección y separación de los desechos debe comenzar en los hogares de cada uno, así como su ubicación en el tiempo y el modo oportunos para que sean recogidos y trasladados cuando los camiones recolectores se aparezcan.

Apenas un 30% de la basura en la ciudad estaba siendo recogida mientras se intentaba apaciguar el fuego en el cerro. Mientras, en la periferia, la incomodidad de quienes estaban en las áreas aledañas a donde se destilaban las emanaciones, se convirtió en una pesadilla.

Esta situación es una de las tantas lecciones que recibimos constantemente y que nos dan luces sobre el hecho de que el desarrollo va más allá de lo que a simple vista se observa; y que limpiar, recoger, botar y disponer puede sonar igual, pero no son lo mismo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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