El estadio Lincoln Financial Field fue la prueba fehaciente del descontento por la Copa Oro, por parte de la afición estadounidense. Pocos minutos antes del silbato inicial, que se retrasó media hora, las tribunas aún tenían varios espacios sin ocupar.
Un factor que pudo haber colaborado a esta situación fue la eliminación de Estados Unidos del torneo de la Concacaf, pues antes de este hecho muchos fanáticos estadounidenses habían comprado boletos para el cotejo, en el que se vislumbraba la participación de la escuadra de Jürgen Klinsmann.
Para sorpresa de todos, en un partido definitivo como este, los aficionados no llenaron el recinto, a pesar de que las entradas estaban agotadas y se ofrecían al triple de su valor en reventa.
Más del 50 por ciento de las entradas estaba en poder de los aficionados de las "Barras y las Estrellas", muchos de los cuales, al quedar marginados de este duelo, decidieron cancelar su compra, por lo que quedaron nuevamente disponibles.