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Este ejercicio se paga con la vida

Matar periodistas se ha convertido en una costumbre. Los reportes y las cifras que manejan distintas organizaciones a nivel mundial dan cuenta de lo peligroso que


Matar periodistas se ha convertido en una costumbre. Los reportes y las cifras que manejan distintas organizaciones a nivel mundial dan cuenta de lo peligroso que es andar por las calles del mundo con una pluma o una cámara enristre.

Son muchas las causas que sirven para explicar el porqué del ensañamiento contra los periodistas, pero al final siempre nos toparemos con una que destella: No hay un proyectil más letal que la verdad. De allí el poder y también la flaqueza de los periodistas.

En menos de dos meses, por obra y gracia de las nuevas tecnologías de la información, hemos asistido casi de manera simultánea al teatro de las acciones en que mercenarios, sin patria ni ley, ejecutaron sin piedad a dos periodistas estadounidenses.

Primero liquidaron a James Foley, quien estaba desaparecido desde 2012. El miliciano de túnica negra y corazón magro lo degolló sin piedad. La ronda fatal siguió después con Steven Sotloff aplicándole el mismo método canalla. Los cuchillos cortaron sus cabezas, pero las causas por las que vivieron no se fueron con ellos y tampoco mataron la verdad. Ahora el mundo sabe y vio en “tiempo real” la barbarie de quienes dicen luchar por una causa y exigen respeto, pero desprecian la vida de sus otros sin sonrojo.

Foley y Sotloff son apenas dos de los 1,074 periodistas que han caído en el cumplimiento de su deber desde 1992 a la fecha, según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) que lucha por la libertad de los periodistas desde 1981.

Según la CPJ, desde enero de este año a la fecha, es decir en nueve meses y medio, 34 periodistas han muerto mientras cumplían misión. Estas cifras son las confirmadas, pero es posible que hayan otros seres que padecieron el mismo mal, pero no están incluidos en los números mortuorios, porque no se sabe a ciencia cierta las causas de su desaparición. El diario El País resumió el informe con un titular escalofriante: “El periodismo se paga con la vida”.

Los países más peligrosos para el ejercicio periodístico son Argelia, Turquía, Bosnia, Filipinas y Chad, Estados Unidos y Venezuela.

Los que estamos lejos de esos extremismos debemos cuidar celosamente el ambiente de tolerancia en el que vivimos para no estar aproximándonos al límite de conocer, en carne propia, el porqué muchas veces esta profesión se paga con la vida.


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944637
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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