Los partidos entre Panamá y Costa Rica no son nada de amistosos; son compromisos que tienen un nivel cardíaco alto; son juegos con el corazón en la boca, donde nadie cede nada, donde el fútbol es pasión y sentimiento.
Así es, aquí todos querían jugar, sin importar el marcador, pues sólo era un partido amistoso, el cual, mañana, con más calma podremos analizar fríamente.
Lo de ayer fue con la sangre hirviendo; como la expulsión de Medford, las rabietas de los jugadores y los pisotones. Aquí nada fue amistoso, no lo es ni lo será. Imagínense cuando llegue la eliminatoria.
Es cierto que el gol de Costa Rica no fue obra de nosotros del todo, pero si no hubiese estado Garcés molestando ¿qué hubiese pasado? Su presencia allí fue importante.
Hay mucho de qué hablar, sobre todo de este equipo que mostró que tiene con qué, pero que tampoco ha encontrado todo lo que puede dar.
El empate da igual, tal vez debió haber un espíritu más amistoso, pero qué va. Aquí lo que hubo fue guerra.