La Reforma paramétrica de la Ley Orgánica de la CSS refleja el problema fundamental de la Transición Demográfica: la menor tasa de fecundidad y la mayor longevidad. El profesor Robert Schiller lo plantea así: "El problema fundamental de planear una mayor longevidad es que no sabemos si realmente sucederá. La esperanza de vida bien podría ser solamente de 80 años… … si los avances médicos son decepcionantes o si nuevas amenazas o peligros los contrarrestan. Si tomamos previsiones para largas vidas y éstas se ven interrumpidas, habremos dejado de utilizar una enorme cantidad de recursos económicos valiosos. Pero, si no hacemos previsiones para las vidas que sí serán largas, muchos ancianos estarán condenados a la pobreza."
La otra cara de la moneda, la del filósofo Banhoffer, que plantea la vara de medición para juzgar el valor definitivo en qué somos como sociedad, en cuanto a qué legamos a las futuras generaciones y qué ofrecemos a la generación anterior que ha cumplido con el ciclo de la actividad productiva.
Por esta razón, y no solamente porque es el programa de mayor envergadura, sino porque también es el más sensitivo para la sociedad, se retoma el Programa de IVM para continuar con la evaluación de la Ley 17.
Las reformas paramétricas son una balanza para lograr el aumento del ahorro requerido para enfrentar el mayor consumo de recursos por parte de los jubilados, sin castigar ni a los trabajadores activos ni a los jóvenes y párvulos que son el futuro del país.
La disyuntiva en la búsqueda del balance adecuado para lograr el ahorro requerido enfrenta irremediablemente lo planteado por el profesor Schiller en cuanto a la longevidad. La pregunta es, ¿cuánto es suficiente? o sea, ¿cuánto se ahorra para asegurar el futuro?, porque disminuye la capacidad de consumo hoy y, como el plantea: y si los mayores no viven tanto, ¿qué?
En el fondo, el ahorro requerido no es propiamente un problema financiero, como suele pensar la ciudadanía cuando escuchan que la CSS tiene un problema de solvencia financiera que es un método de medición; esto refleja el problema verdadero, que es económico. No hay suficiente ahorro para poder sufragar en el futuro los bienes y servicios que necesitarán los jubilados presentes y futuros en un corto plazo. El ahorro requerido son los recursos económicos necesarios para la inversión productiva de hoy que genera la riqueza del mañana, para así poder generar los recursos que permitirán la futura satisfacción de las necesidades de las tres generaciones: los jubilados, los trabajadores activos, la juventud y la niñez. Entonces no es asunto de ahorrar por el simple hecho de ahorrar o para tener recursos en un banco. Es mucho más fundamental para asegurar que no tenemos "pan para hoy y hambre para mañana".
Al respecto, debemos señalar que un país que no está comprometido con el ahorro y la inversión tampoco está comprometido con el desarrollo, a pesar de los pronunciamientos que muchos hacen en tal sentido, ya que sin un efectivo programa de inversión esas son sólo palabras huecas.
Un análisis de todos los países industrializados - como los miembros de la Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo (OECD) - y los nuevos que han logrado - como Singapur, Taiwán, Corea del Sur, Irlanda, etc. - han tenido en la fase de transición, hacia el denominado primer mundo, han sido caracterizados por altos niveles del ahorro. No hay almuerzo gratis, requiere el sacrificio (ahorro-inversión) para la creación de riqueza.
Nadie sabe a ciencia cierta cuándo uno va a morir y la ciencia actuarial describe con parámetros estadísticos, con la tabla de mortalidad que se ilustra en la gráfica y por eso se habla tanto de la expectativa de vida, que es el valor promedio de edad de la mayor probabilidad de vivir después de haberse jubilado. Por ser un promedio, obviamente, implica que habrá aquéllos que fallecen antes y habrá igualmente otros que viven mucho más tiempo. De hecho, al día de hoy, hay más de una docena de centenarios de ambos sexos que son beneficiarios de la CSS y no hay duda con el transcurrir del tiempo, habrá muchos más.
Como se puede observar en la gráfica al principio fallecen pocos, luego alrededor del promedio - de la expectativa de vida - las difusiones son mayores por año y, finalmente se reduce el número de muertos al año hasta que se extinguen todos los miembros de la generación. Otro aspecto importante es que probabilísticamente se muere 50% de los pensionados hasta la edad de 82 años (promedio de expectativa de vida) y después se muere el otro 50%.
La previsión social requiere que el país tenga forzosamente que tomar en cuenta esta realidad para evitar el problema social del empobrecimiento de nuestra gente de la tercera edad, si es que somos una sociedad con valores éticos.
La proyección actuarial es un modelo caracterizado por la interrelación intrínseca de los parámetros que lo define. Es por eso que de ajustar un parámetro en la búsqueda de lograr el balance adecuado entre los ingresos y gastos, el ahorro requerido, irremediablemente conlleva el ajuste en sentido opuesto de otro parámetro. Es decir, si se reduce la edad de jubilación, tiene que compensarse con un aumento de cuotas o densidad de cotizaciones o reducción de beneficios o una combinación de todos.
Para fines ilustrativos, la reducción de un año en la edad de jubilación, sin alterar la vida útil de la Reforma y los demás parámetros, requeriría un aumento en la cuota de unos 3.6%. Es como un globo que cuando se aprieta de un lado se infla del otro.
No solamente los parámetros del modelo actuarial están relacionados entre sí, sino que tiene una interrelación con el entorno socioeconómico también. Las proyecciones del crecimiento del PIB, la producción de bienes y servicios anual, están en función de muchos factores externos e internos. El ahorro, convertido en la inversión socioeconómica, aunado con las demás variables es clave en el rumbo del desenvolvimiento económico hacia el futuro, porque dinamiza y condiciona las posibilidades de generación de empleo y los salarios futuros, que a su vez, definen la producción de suficientes bienes y servicios futuros para sufragar las necesidades de las tres generaciones en el futuro.
Entonces, para lograr una solución balanceada y lograr el ahorro requerido, el conjunto de las variables, tantos actuariales como económicas, tienen que ser coherentes y se deben tomar en cuenta los desafíos y las oportunidades que tiene el país en un momento dado. Es por eso que las proyecciones económicas de 50 años jamás podrán ser resultado de un ejercicio con un modelo econométrico, y aquéllos que lo plantean como la gran panacea científica, demuestran una falta de conocimiento, puesto que desde el año 1976 el Premio Nobel Robert Lucas en su conferencia "Econometric Policy Evaluation: A Critique", publicada en el Carnegie Rochester Conference Series on Public Policy, dejó sentenciado que "los modelos de gran escala son pobres en su diseño y en las estimaciones que ofrecen. Sus coeficientes, afirma, no describen la estructura real de la economía (y, en consecuencia, son inestables); lo que hacen, más bien, es entregar un resumen estadístico* de cómo ha operado la economía en promedio en el pasado. Si las políticas siguen siendo las mismas, entonces es probable que el modelo pronostique el futuro en forma razonablemente correcta. Pero si cambian las reglas de política, entonces el modelo, de acuerdo a Lucas, difícilmente podrá predecir cuál será la respuesta efectiva de la economía."
El resultado de un ejercicio de un modelo econométrico, será más que nada un resumen estadístico engañoso, porque está arropado bajo la manta de un instrumento científico sofisticado totalmente divorciado de la realidad. La verdad es que los modelos econométricos son relativamente útil hasta un plazo de unos tres años, porque no pueden proyectar la dinámica de una economía de mercado.
Entonces, las proyecciones son un resultado de la ciencia - análisis de las estadísticas económicas y biométricas, y el arte de la base del análisis de los factores de producción - recursos naturales y físicos; capital disponible - ahorro y crédito; capital humano, los factores culturales de la producción.
No debe sorprendernos las reacciones de los diversos estamentos de la sociedad en torno a la elevación del ahorro en la búsqueda del mínimo requerido, porque somos muy poco dados al ahorro. Si vamos a salir del estado de pobreza y desigualdad, tenemos que enfrentar la transformación social que, irremediablemente, lleva al aumento el ahorro nacional tanto público como privado. En el próximo artículo se evaluará la ley 17 bajo el prisma de los últimos pensamientos del Banco Mundial.
Ahora es cuando ordenamos la casa.
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