La ex guerrillera chilena Marcela Rodríguez, condenada a pena de cárcel por el asesinato de un policía hace 9 años, permanecía ayer refugiada en la embajada de Noruega en Santiago, a la que ingresó el martes en demanda de asilo político, informó un portavoz de la legación.
Ella insiste en su petición, indicó la fuente consultada, que agregó que se esperan instrucciones del gobierno de Oslo para resolver la situación. El martes, el embajador Martin Tore GJorndal, negó el asilo, porque la legislación de su país no contempla esa protección y porque en Chile no impera un estado de anormalidad social o jurídica, según explicó. Pero el diplomático rechazó intentos de la policía por ingresar a la sede y detener a la recurrente, que sufre de parálisis y se moviliza en silla de ruedas.
Tampoco la embajada planea una expulsión mientras se desarrollan consultas y se analiza "el difícil" incidente, dijo un vocero.
Rodríguez, de 38 años, sufre de paraplejia debido a una destrucción de columna vertebral que sufrió por un balazo en la incursión subversiva que originó el proceso en su contra en la Fiscalia Militar santiaguina, cuyo primer fallo la condenó a 10 años y un día de presidio.
Una segunda querella, actualmente en trámite de apelación ante la Corte Suprema, podría adicionarle otros 10 años de cárcel.
"Ella solamente puede mover la cabeza y los brazos y no controla siquiera sus esfínteres", dijo la abogada Verónica Reyna, del Fondo de Asistencia Social de las Iglesias Cristianas (Fasic), que interviene en una gestión de mediación.
Marcela Rodríguez, que se encontraba en libertad bajo fianza, se aferra sin otra opción a la salida del asilo en Noruega, porque sabe que ir a prisión en Chile en esas condiciones de salud, es sinónimo de muerte, comentó Reyna a la