El español Rafael Nadal consideró su primera actuación en el Masters 1.000 de Madrid como floja, pero la sacó adelante con una victoria por 6-4 y 6-3 ante el ucraniano Oleksandr Dolgopolov, 62 del mundo.
Nadal no pareció demasiado contento por su triunfo ante un rival casi desconocido, que le cortó el ritmo con golpes inesperados, que posee una derecha cruzada más que aceptable, y que, sin nada que perder después de salir de la fase previa, planteó un partido a la desesperada.
El campeón de los Masters 1.000 de Montecarlo y Roma, finalista el pasado año en la Caja Mágica, necesitó una hora y 26 minutos para deshacerse de tan incómodo adversario. Además, el mallorquín sintió que sus pies no se agarraban tanto como él deseaba a la pista, y mañana cambiará sus zapatillas para plantearse el duelo contra el gigante estadounidense John Isner (2,06 metros) a las 16:00 horas, de una forma más positiva. Hoy me costó agarrarme a la pista, y sin potencia es difícil jugar bien", dijo Nadal. Dolgopolov, a pesar de su cara de niño inocente, con coleta incluida, y su cuerpo, no tan atlético.