La violencia fuera y dentro de la cancha se apoderó anoche del estadio Maracaná de El Chorrillo, en donde los monjes del San Francisco sacaron a los actuales campeones de la final del Torneo Apertura 2014 de la LPF, al igualar 1-1 en la vuelta de las semifinales (2-1, global). Los lamentables incidentes empezaron, incluso, antes del pitazo inicial del árbitro Rolando Vidal.
Las agresiones verbales y amenazas hacia los chorreranos, por parte de algunos jugadores chorrilleros, ya se venían suscitando cuando apenas se dirigían desde los vestuarios a la cancha. Gary Stempel no se mordió la lengua: “la intimidación empezó desde el túnel”.
“Aquí (en el Maracaná) es algo que se tiene que tener mucho cuidado”, dijo. “Celebro el título, nada más; no celebro avanzar a la final”, cerró Stempel.
Jhonny Ruiz, inclusive, manifestó que Chorrillo perdió la identidad, ya que antes, cuando él vestía sus colores, “no era un equipo de esos (violentos), sino que jugaba al fútbol”. El goleador mandó de esta forma el mensaje a Manuel Arias, alto directivo del club del barrio mártir.
El Maracaná había estallado de regocijo al minuto 18 cuando el atacante Sergio Moreno puso adelante a los de casa, pero esa felicidad duró hasta el minuto 41 cuando Ruiz pescó un balón en el área para igualar las acciones.
Desde el minuto 70, el duelo fue una pesadilla. Y, paulatinamente, al ver que su equipo se quedaba fuera de la final, la violencia se trasladó a las gradas, desde donde volaron hacia el terreno de juegos cervezas, bombitas, vasos, latas, hielo, entre otros objetos. La Policía Nacional reaccionó con gas pimienta y toletazos para los energúmenos descontrolados en las tribunas. El árbitro detuvo el duelo por alrededor de 15 minutos. Hacía falta un exorcismo. Los monjes lo hicieron y jugarán su tercera final en los últimos cuatro torneos.