Barcelona celebró con una explosión de júbilo la victoria del equipo de Pep Guardiola en la final de la Liga de Campeones (3-1), con sus epicentros en los lugares de la ciudad donde se habían instalado pantallas gigantes para seguir el partido disputado en Wembley.
Como si se tratara de una premonición de lo que iba a suceder, el principal núcleo de concentración para ver el encuentro fue a los pies del Arco de Triunfo barcelonés, donde se colocó una pantalla gigante desde la que más de 35,000 personas festejaron los goles del Barça.
Este monumento a la victoria, situado en el Passeig de Sant Joan, a pocos metros del Parque de la Ciutadella, ha congregado a aficionados de todas las edades, sobre todo a jóvenes y adolescentes.
Las elásticas con los colores azulgrana fueron mayoritarias a lo largo del paseo, aunque el naranja también tuvo una presencia destacada, un color más que significativo en la mística del club.
Y es que fue ese el color de la camiseta que vistió el equipo de Johan Cruyff cuando alzó hace dos décadas la primera Champions en la historia del Barcelona, precisamente en el mismo escenario que esta final, el estadio londinense de Wembley.
Los tantos de Messi y Villa desataron la locura y los decibelios entre los culés.