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Extraño camino a la cultura


“¿Qué pudo hacer Tutankamen si murió a los dieciocho y sin bigotes?” De Pantalones largos

Con la lectura de la mitología logré lo mismo que mi madre con el juego de azar y el cine: una evasión, un encuentro con lo imposible. Seguro que estas drogas intangibles nos dieron aliento en tiempos en que la vida se había convertido en un boxeador dispuesto a sacudirnos el polvo. Supongo que cada quien busca y encuentra su droga cuando la vida se convierte en una amenaza. Al final, caemos en cuenta de que la existencia no es una enfermedad sino un continuo proceso de maduración, y que la única medicina que necesitamos –no para tomarla sino para tenerla bien tapadita en la alacena de la mente– es un frasco sin fondo de ese elixir llamado esperanza.

Pero si has de usar una droga, antes de madurar, te recomiendo que uses la mejor de todas: los juegos de la imaginación, como quien dice un poco de sueño en seco, el day dreaming. Esto no deja señales visibles y sus efectos no son desvastadores ni siquiera para un tipo que abuse de ellas como Walter Mitty.

 

¿Cómo llegué a mi droga, la mitología? Hurgando en los diccionarios tras un desastroso examen de ortografía. Buscando las palabras en que metí la pata, me llamaron la atención las estatuillas de las diosas que parecían ansiosas por sobresalir en la superficie de las páginas. ¿Quién lo hubiera dicho? En un didáctico diccionario, intachable templo de las palabras, encontré, como si hubiera utilizado un conjuro poderoso, mujeres semidesnudas e historias lúbricas. Al instante floreció una relación simbiótica entre mi agotadora pasión por la masturbación y las diosas mitológicas. Ellas usaron mi exceso de energía para resurgir de las tumbas de sus páginas. La primera que se me apareció fue Afrodita en una bellísima escultura de Calímaco, con una teta afuera. ¡Oh, Dios! un discípulo de Leonardo Da Vinci tiene aquí, en la página 115, un cuadro de Leda completamente en pelotas, dos niñitos con el pipicito afuera y un cisne lujurioso que no es otro que Zeus que se ha emplumado para poseerla. ¡Ayyayayyy! Desde entonces necesité a estas diosas u odaliscas, o ninfas o Gracias para mi lasciva inspiración y ellas a mí para su resurrección. No demoré en pasarle el dato a Johnny Quintero y a Chocita E. Esta manomitomanía que describo aquí con descarada sinceridad, aumentó mis conocimientos mitológicos. Los pudorosos condenarán mi camino a la cultura, pero a mí...


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816653
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América