Se le llegó su Hamlet al Barcelona. Su final podría ser tan dramático como una obra y el escenario no podría ser mejor: el Teatro de los Sueños.
La liga tirada, la copa igual y la Champions aferrada al corazón blaugrana, como Julieta emocionada en su balcón, suspirando por su intrépido, insistente y audaz Romeo. "Dónde estás que no te veo".
Porque no se trata de Montescos y Capuletos. Esta vez la temática es distinta y al final no morirán los dos. ¡No! Se salvará uno, con la diferencia que no hay amor de por medio.
Tampoco habrá espacio para los diálogos, los dramas y las traiciones. Pero sí habrá héroes, figuras que salvarán el nombre de las familias.
Un gol alcanza, basta y sobra para que el fútbol sea feliz, para que rían los "diablos" o los catalanes. Sí, que ría alguien, a carcajadas, porque al otro le tocará inventarse un mar de lágrimas.
El pronóstico, Manchester por un gol; Barcelona venderá cara su derrota y muy probablemente sea el final de Rijkaard. ¿Nostradamus? No, sólo es mi opinión.
El segundo acto está por empezar. El tercer llamado se hizo y el telón se entreabre, se alistan dos horas del deporte más hermoso del mundo.
La noche empieza a caer. Las estrellas ni se asoman. ¿Para qué? Si hoy el mundo entero pone sus ojos en un pequeño rectángulo, aquel donde alguien alguna vez conoció el amor, el verdadero y secreto amor.