¡Vamos,vamos..., sal de las cuerdas, dale con el yap, usa la recta..., mete la izquierda..., búscalo, buscálo..., sube la guardia, bloquea...!
No tiran los golpes, pero enseñan y dicen como tirarlos. Gritan desde las esquinas, gesticulan, levantan las manos, increpan a los boxeadores. Cubeta en mano, con pomos de vaselina y botellas de agua suben al ring para asistir a los púgiles. Y están dispuestos a lanzar la toalla al cuadrilátero, pidiendo clemencia para un combatiente, cuando ya no quedan más recursos para seguir la batalla.
Los entrenadores ganan o pierden con los boxeadores, sufren la agónica derrota o viven el éxtasis feliz de la victoria, levantando sobre sus hombros a los victoriosos. Se les culpa o felicita por el triunfo o el fracaso de los púgiles en cada contienda.
Orden y disciplina: Según entrenadores consultados por el Panamá América, en el boxeo dos cosas son imprescindibles para triunfar: Orden y Disciplina. Sin esas premisas los boxeadores sólo van para la "lona del fracaso".
Ningún entrenador prepara un boxeador para perder, la meta siempre es ganar, aunque a veces los resultados sean distintos a lo esperado. En muchas ocasiones, una cosa se dice y hace en el gimnasio, pero fuera de él, el boxeador hace lo que quiere.
"Tú puedes preparar de lo mejor a un peleador en el gimnasio para un pleito, pero fuera de él hace lo que le da la gana. Tiene sexo, come lo que quiere, toma, se trasnocha; no se cuida para su compromiso", planteó uno de los entrenadores.
Para los entrenadores consultados, entre ellos el veterano José "Chon" Ferrer, Agustín "Cholo" Cedeño, Carlos Agrazal, Rafael Lasso y el ex campeón Rigoberto Riasco; actualmente la disciplina no es ni la sombra de la de antes, lo que motiva que el boxeo ande tan mal.
Trabajando para el inglés: "Mire, como entrenador uno casi siempre trabaja para el inglés", manifestó Rafael Lasso, sobre los beneficios que obtiene un entrenador y que son muy pocos por que casi nulos. Como ganancia, el entrenador sólo tiene derecho a un diez por ciento de la bolsa de un peleador. Tomando en cuenta que un boxeador si acaso tiene una pelea cada cuatro o cinco meses. A veces las bolsas que se les paga apenas llegan a los 125:00 dólares, por lo que el entrenador sólo gana unos 12:00 dólares.
"Por qué cree usted que tengo vender naranjas, piñas y sandías aquí, porque esto no deja, pero lo hacemos porque nos gusta", revela Lasso mientras pela una naranja. Sobre esto agrega que "los apoderados no dan nada, uno prepara a los muchachos, pero no recibe nada de ellos".
Como padres, además de entrenadores. Los entrenadores se comportan como padres con los boxeadores. No sólo les preparan física y técnicamente para boxear, sino que moldean su carácter, que en algunos casos no es nada maleable.
"A veces no han comido y hay que darles para el plato de sopa, también el pasaje cuando no tienen. Hay que comprar las vendas, ungüento, sogas y hasta guantes", indica Rigoberto Riasco, ex campeón mundial supergallo (12 libras).
Añade que tienen que hacer el papel no sólo de entrenadores, sino ser además fisioterapeutas y sicólogos. "A veces los boxeadores tienen problemas emocionales y hay que hablarles, animarlos para que salgan del bache y sigan adelante".
En resumen, ser entrenador no es sólo enseñar a tirar golpes, hay que ser algo de maestros para enseñar a los boxeadores a pelear en el cuadrilátero de la vida.