Sorpresa, asombro. La esgrimista panameña Yésika Jiménez combatió, se entregó y gustó. Su actuación en estos Juegos Olímpicos fue buenísima, si tomamos en cuenta que hizo lo que tenía que hacer y un poco más.
Se ganó a una de las mejores dentro de su especialidad, la ucraniana Yana Shemyakina, y perdió ajustadamente contra una de las mejores, la alemana Imke Duplitzer.
Otro hecho que hay que tomar en cuenta es que, en el aspecto de la preparación, Jiménez llegó a Beijing con una marcada desventaja respecto a sus rivales. A diferencia de Shemyakina y Duplitzer, quienes competieron torneo tras torneo durante estos cuatro años, la espadachín criolla no vio acción en ningún Grand Pix ni Copa Mundial.
Jiménez tuvo problema hasta el último día, ya que no contaba con un “armero”, que es la persona que se encarga de armarle las armas a los esgrimistas. Un francés tuvo que prestarle dos espadas.
Cada vez que vienen los Juegos Olímpicos, las delegaciones tienen que armarse en función de las necesidades de los atletas. En vez de llevar a “chaperonas”, como la tesorera de la Federación Panameña de Natación, Mariana López, quien no contribuyó “a nada ni en nada”, a las justas deportivas tiene que ir gente que resuelva.