El rastreo empezó después del mediodía, pasando por varios centros comerciales, pero hasta los primeros 20 minutos, el movimiento de los aficionados era tímido.
Los panameños que acuden a la Terminal de Albrook estaban ocupados en sus asuntos. Sólo una barbería, con un fanático rossonero, Roberto Bennis, miraba de reojo el televisor para no perderle pisada al encuentro.
La búsqueda de los fanáticos se trasladó al centro de espera de la Asamblea Legislativa, donde los criollos aguardaban a ser atendidos.
Tras el paso por la Asamblea, la lógica indicaba que las vidrieras de la avenida Central debían estar colmadas, pero no pasó de una simple deducción, ya que aunque los televisores sí estaban encendidos, no era la Liga de Campeones la que ocupaba la atención.
Algo de eso ocurrió en El Chorrillo, ya que muchos jóvenes caminaban por las calles. Seguramente los fanáticos se habrían reunido en la casa de un amigo para ver el choque.
Al parecer, los hinchas de ambos conjuntos decidieron reunirse en restaurantes y bares, amparados en el anonimato, y quizás escapados de sus trabajos, para poder ver con tranquilidad la definición.
En los restaurantes se veía a los hinchas del Liverpool, con caras largas y tristes, mientras que los rossoneros se lamentaban de cada jugada fallida, cada silbato y por ahí algún otro insulto, pero al final, estaban felices.