¿Que en Panamá se estará celebrando la fiesta del Libro? Entonces, es hora de pasear con don Eulogio por los calles de la literatura en la Ciudad Redonda.
Camino a su lado y le voy explicando:
—Los escritores superaron las polémicas encendidas. Las reemplazaron con frases inteligentes y amables que no necesitan de la arrogancia ni el ademán.
Vimos a Kafka conversando en un cafetín llamado “Arco” con Homero y con el más precoz de los poetas: Arthur Rimbaud. Debajo de la mesa había una caja como las que se usan para transportar perros, seguramente Franz tenía allí al escarabajo que un día fue Gregorio Samsa. De vez en cuando los tres echaban trocitos de sus magdalenas en la jaula. Rimbaud le guiaba la mano a Homero para que sus migajas cayeran dentro de la jaula.
Pasamos de largo.
—¿Quién es aquel señor de la barba enmarañada, ojos chiquitos y pesado abrigo, que lleva de la mano a una cándida niña?
—Ese es Vladimir Nabokov, y la niña que lleva de la mano no es tan cándida, se hizo famosa por seducir a hombres maduros, casi podridos; su nombre es Lolita... Lo - li - ta.
—Tiene razón, a pesar de su edad, no es tan niña nada. Oiga, ¿y aquel de los bigotones y cara de cuchuflutero que está sentado al estilo yoga sobre una alfombra persa?
—Es Gabo, hace unos días le dijeron que esa alfombra podía volar y está tratando de encontrar las palabras mágicas que la hagan despegar.
—¿Y aquel que afila un sable y bebe a pico de botella en plena calle?
—Es Mitia Karamásov. Fiodor debe estar muy cerca.
—¿Y esos dos chiquillos que corren como locos tratando de eludir al policía?
—Son Tom y Huck. Le advierto que el policía no es un policía, es un capitán de barco a quien llaman “Dos brazas”, que en inglés se dice Mark Twain.
—¿Y el plácido señor que está delante de la tienda de mascotas dando de comer a una pequeñísima sirena en la pecera?
—Es Rogelio Sinán, el risueño, a quien todo le parece muy bien.
¿Y los tres caballeros y la dama, sentados en el portal de la librería amarilla?
—Son Rómulo Gallegos, Gulliver, Voltaire con Mary Shelley.
—¿Ah, sí? Me gustaría unirme a ese grupo y escuchar su conversa.
—Pues vaya usted...