Muchos jugadores se han puesto la camiseta con el número 4 con los Vikings, la mayoría pateadores. Eso es lo último que Brett Favre podría ser.
Su presencia con color púrpura deja atónito a cualquier fanático de los Packers y la nausea será mayor el lunes si Favre encabeza a su nuevo equipo sobre el cual fue su quarterback con tanto éxito en el pasado. Sería un golpe muy duro de asimilar.
Peor para los Packers es que una victoria de Minnesota dejaría a los Vikings con marca de 4-0 y a Green Bay en 2-2. Con Chicago también metido en carrera en la división Norte de la Conferencia Nacional, los Packers podrían quedar rezagados con respecto a sus dos tradicionales rivales durante el resto de la temporada.
La única manera que este partido pueda generar más titulares es que se dispute en el Lambeau Field. Eso no será hasta el 1 de noviembre.
“Este es quizás el partido más anticipado de temporada regular que me haya tocado'', dijo Ben Leber, linebacker de los Vikings.
Favre es el motivo. Esta es su oportunidad de saldar cuentas con el equipo en el que fue símbolo durante 16 temporadas, pero el cual --según considera-- le obligó a tomar una decisión sobre retirarse cuando aún no estaba listo el año pasado.
“No se me cruza por la mente'', afirmó Favre.
“Soy el quarterback aquí, creo que este equipo me dado una buena acogida. Me siento bien donde estoy. Estoy orgulloso de lo que conseguí con Green Bay en esos 16 años. No iba a jugar para siempre ahí y lo había dicho repetidamente. No se pueden borrar esos 16 años que pasé ahí, fui muy afortunado por los logros y los grandes equipos en los que formé parte. Eso nadie me lo quita. Lo cierto es que no hay arrepentimientos”.