La Feria del libro, más que un punto de encuentro de editoriales y libreros, es una oportunidad. Mucho más que la agenda profesional y pedagógica y/o la oferta cultural que de muy buena gana nos ofrecen sus organizadores. El “pabellón infantil” es otra cosa. Este último me gustaría que fuera menos ruido y muchas nueces, pues lo que “ofrecen” a los chicos viene con el estigma del auspiciador del espacio y es muy poco, lo digo con tristura, lo que de recreación, educación y cultura recibimos sus usuarios.
A mí me gusta la Feria, es como un parque de diversiones muy grande. Uno se encuentra con novedades, pero también con libros que ni siquiera sabía que existían. Conoces a nuevos autores; te encuentras con viejos amigos que hace tiempo no veías, conoces nuevos.
Las ferias de libros de antes coincidían con la Semana del Libro, y se trataba un poco de acercar a la población a ese objeto, cosa, juguete, aparato transformador que es ese puñado de páginas impresas. La Universidad de Panamá, el paraninfo, fue una de sus sedes y ofrecían los libros para mover inventarios. Hubo otra feria organizada en la Plaza de la Lotería. Aunque los libros eran una muestra que aportaban las embajadas acreditadas en nuestro país, por otro lado estaban las librerías Santa Ana, Menéndez, Cultural, los Gagos que sí vendían, y por módicos precios, sin mermar en la calidad del producto. De esas ferias, de los años setenta, “armé” mi biblioteca…
Sé de los desvelos y afanes de los organizadores, me quito el sombrero, los zapatos y la camisa por todo lo que representa de entrega ese esfuerzo. Pues la Feria no es un “stand” ni son los libros ni es el pasaporte de boletería ni es lo prohibitivo de los precios ni el programa para los niños ni los seminarios y talleres… Se trata de mirarnos de cuerpo entero en el espejo de lo que queremos ser. Nos confrontamos con nuestras virtudes y vicios.
Sé que en algunas esquinas hay llanto y hay moco; que en otros rincones hay resentimientos y celos… Pero me quedo con los que van por el buen camino, buscando lo que hace falta.
Creo que entre todos los involucrados debemos esforzarnos al máximo de nuestra capacidad y recursos para que la fiesta sea grande y alcancen los caramelos para todos.