Fin de ciclo en Panamá o una nueva era
Fin de ciclo en Panamá o una nueva era
El cierre del Grupo L coloca a Panamá ante el espejo de su propia realidad futbolística. El choque contra Inglaterra evoca, inevitablemente, el recuerdo de aquel 6-1 en Rusia 2018; una tarde de contrastes donde la crudeza del resultado se diluyó en la tremenda catarsis colectiva que significó el gol de Felipe Baloy.
Hoy, el escenario es radicalmente distinto. Panamá llega a la última jornada sin posibilidades matemáticas de avanzar, tras encajar dos dolorosas derrotas 1-0 ante Ghana y Croacia. Sin embargo, el análisis de esta eliminación no puede quedarse en la superficie de los números; exige una mirada profunda al proceso y, sobre todo, a las decisiones desde el banquillo.
Es imposible no señalar el peso de la pizarra en este torneo. La sensación generalizada en el entorno soberano es que la tardía reacción del director técnico en la lectura de los partidos terminó costándole caro a Panamá. Tanto ante los africanos como frente a los europeos, el equipo mostró un orden táctico encomiable y una madurez defensiva abismal respecto a hace ocho años, pero careció de la audacia oportuna cuando los partidos pedían a gritos un vuelco desde el banquillo.
Las modificaciones llegaron cuando el agua ya estaba al cuello y el margen de maniobra era nulo, dejando la amarga certeza de que, con un timonazo a tiempo, el destino de la selección en este mundial habría sido muy diferente. El fútbol de alta competencia no perdona los minutos de titubeo, y la rigidez estratégica terminó penalizando el esfuerzo de los jugadores en la cancha.
A pesar del sabor amargo que deja la falta de eficacia y la parsimonia en los cambios durante esta cita mundialista, resulta imperativo ser justos y reconocer la magnitud del proceso que nos trajo hasta aquí. Este cuerpo técnico ha devuelto la dignidad y la estructura al balompié panameño.
Bajo su gestión, la selección absoluta no solo volvió a inscribir su nombre en la máxima fiesta del fútbol global, sino que se ganó el respeto incuestionable de la Concacaf y la consideración de la mirada internacional, dotando al futbolista panameño de una identidad competitiva, un orden táctico europeo y una mentalidad que le permite mirar a los ojos a cualquier rival del planeta.
Este compromiso frente a los ingleses se presenta con un fuerte tinte de nostalgia y expectación entretelones, pues podría ser perfectamente el último partido de Christiansen al frente de "La Sele". Con el silbatazo final, se vence formalmente su contrato con la Federación Panameña de Fútbol.
Es un secreto a voces que el técnico maneja ofertas muy tentadoras del exterior, producto del cartel que ha cosechado valorizando nuestro talento. No obstante, en los pasillos de la federación también se oye con fuerza la posibilidad de una continuidad. Ante Inglaterra podría ser la última vez que lo veamos impartir directrices desde la zona técnica panameña, o el punto de partida hacia el proceso del 2030.
Al final, más allá de nombres, contratos o pizarras, la última palabra la tendrá el orgullo de la camiseta. Panamá no va a cumplir un trámite; va a demostrar que el respeto ganado no fue una casualidad del destino.