Los escritores y editores de libros en Panamá decidieron agruparse para hacer cumplir la ley y cobrar las regalías correspondientes a los derechos reprográficos de sus obras.
Según Rogelio Terán, quien preside la agrupación que ya cuenta con personería jurídica, los autores de textos en Panamá pierden aproximadamente 2 millones de dólares al año, por el fotocopiado de sus libros, especialmente en las universidades en donde hay un inmenso negocio alrededor de esta actividad.

La decisión del grupo está sustentada en la Ley 15 de 1994 que regula el Derecho de Autor y los Derechos Conexos, entre los que se incluye el derecho reprográfico.
Los derechos reprográficos no solo implican los textos académicos, sino que también alcanzan las reproducciones fotostáticas de revistas y periódicos, entre otros.

Se espera que en agosto de este año, durante la Feria Internacional del Libro, se presente de manera más estructurada la forma que se pondrá en práctica este procedimiento legal y para fines de año pudieran expedirse las primeras licencias para que los dueños y operadores de los centros de copiado empiecen a realizar los aportes que la ley obliga.
Los gestores de esta iniciativa reconocen que, seguramente, los precios de las copias para los estudiantes sufrirán un incremento mínimo pero, asegura Terán, cuando comprendan que se trata de una situación legal o de derechos, entonces lo aceptarán como parte de nuestra cultura.
¿Qué se ha adelantado con la iniciativa de proteger los derechos de los autores?
Estamos esperando el servicio de funcionamiento. Queremos empezar a trabajar en tres meses a más tardar. Estamos haciendo la estructura y la parte administrativa de la asociación. Había un vacío en la parte de los derechos reprográficos. Ahora hicimos que los escritores y editores se unieran para poder darle valor a esos derechos y exigir que se paguen. O sea, que se organizó y empezamos a hacer todos los trámites legales y ya está finalizada la parte legal y solo falta el funcionamiento.
¿En qué se basaron para llevar adelante esta iniciativa?
El tema sobre los derechos de autor no es algo nuevo. Aquí en Panamá se protege el derecho del músico hace años mediante el Spac (Sociedad Panameña de Autores y Compositores), aunque sí había muchas personas como el licenciado Eduardo Benítez que tiene muchos años de estar en esa sociedad y, finalmente, logramos sentar a los editores y escritores a una sola mesa de conversación para ponernos de acuerdo.
¿Cómo reaccionaron los escritores y editores?
Ellos están muy optimistas porque les estamos protegiendo sus derechos como escritores. Hubo una reacción muy favorable y después de la primera reunión pudimos conformar una directiva provisional.
¿Quiénes tendrán derecho a cobrar regalías por sus obras?
Tiene que ser escritor y tiene que ser una persona que haya producido una determinada cantidad de libros; no hay un mínimo de libros, pero, por ejemplo, el libro tiene que estar registrado y tener ISBN (Número Internacional Normalizado del Libro). Tiene que estar registrado, ya sea como autor independiente o de una editorial, entonces este libro entra como parte del repertorio de cada autor.
¿Es decir que el hecho de escribir un libro automáticamente no convierte a su autor en beneficiario de las regalías que pagarán a la asociación?
No. Él tiene que acercarse y manifestar su interés de que su libro se ubique dentro del inventario para que se puedan proteger sus derechos, ya sea que ese libro se vaya a utilizar en Panamá, España o Argentina, pero ya el libro queda protegido. Por ejemplo, si es un libro de matemáticas y es al que más fotocopias se le saca, entonces sabemos que ese es uno de los primeros libros que está en una categoría de materia que tenemos que proteger más. Entonces ese autor en particular recibe más regalías.
¿Cuáles serían los mecanismos de control para saber, por ejemplo, de qué libros se sacan más copias?
Eso es algo complicadísimo. Es algo que vamos a hacer con base en una licencia, dependiendo de un estudio que hagamos de las universidades. Vamos a tomar tres universidades claves y vamos a hacer un estudio de cuáles son las materias que más se dan en todos los niveles y, en ese sentido, entonces se hace un “average” para sacar entonces una licencia que se les dará eventualmente a los centros de copiados y a las universidades para que con base en eso se tomen las decisiones. Si nos ponemos a sacar qué libros están siendo copiados, jamás terminaríamos. Más caro sería tener una cuadrilla viendo detrás de cada centro de copiado para identificar los títulos y la cantidad de páginas que se están copiando, que hacer un prorrateo de un 10% o 15% de un texto, que es lo que se va a permitir.
¿El mecanismo para abordarlos será mediante las autoridades de las universidades o directamente con los dueños de los centros de copiado?
Tenemos que hacer mucha docencia. Esto es algo que yo creo que de aquí a que lleguemos a los centros de copiado será el próximo año. Queremos ver si de aquí a fin de año pudiéramos abordar una universidad de estas nueve que el Ministerio de Educación está tratando de avalar dentro de todos los requisitos de credibilidad. Entonces esto sería un punto a favor, comenzar con una de estas universidades que ya están certificadas y de proceder con este mecanismo que no pretende eliminar las fotocopias, pero sí hacer que su actividad se haga de manera legal.
¿Cómo será el proceso para llegar a cobrar las licencias?
Todavía estamos haciendo una estrategia de trabajo. Todavía tenemos reuniones para definir cómo vamos abordar a las universidades. Vamos a hablar, tanto con los dueños de las fotocopiadores como con las autoridades de las universidades, con todos los interesados. Incluso con los estudiantes; nos interesa mucho que el estudiante tenga conciencia y conozca al respecto. O sea, que cuando vaya a sacar una copia y le digan que tiene que pagar un poco más por las mismas, para que se sepa cuál es la justificación. Que se sepa que la copia le pertenece a un escritor que hizo un esfuerzo, al cual dedicó tiempo y tiene derecho a que se le reconozca su trabajo.
No queremos quitarle el acceso al conocimiento a los estudiantes ni a las personas que quieran sacar una copia; al contrario, queremos que se divulgue más, esto hará crecer la cantidad de autores que tenemos en Panamá; esto le va a dar más estímulo a toda la juventud que ahora dice que para qué va escribir si después se lo van a copiar.
Hay un porcentaje mínimo de autores que no les importa que copien su obra, pero la mayoría de los autores a nivel mundial sí les interesa. Aquí estamos en el proceso y vamos llegar allá; estamos en una etapa de planificación; estamos proyectados para de aquí a fin de año por lo menos podamos vender una licencia. Pero tenemos una serie de etapas que debemos cumplir y ojalá podamos tener un acercamiento con las diferentes editoriales, no solamente de libros, sino también de revistas y de periódicos.