La Casa Blanca dejó en claro ayer que Estados Unidos seguirá reprimiendo la inmigración ilegal desde México, pese al pedido del presidente electo mexicano, Vicente Fox, de que se les dé un trato más humanitario.
"Tenemos fronteras y tenemos leyes, y tenemos que aplicarlas", dijo el presidente Bill Clinton al recibir a Fox en su primera visita a Washington desde su histórica victoria, en julio último.
No obstante, Clinton señaló a la prensa que a la larga Estados Unidos y México se volverán más interdependientes y escuchó con atención las ideas de Fox sobre uno de los temas más espinosos en las relaciones bilaterales.
Asimismo, Clinton elogió la elección de Fox, el primer opositor que llega a la presidencia en México tras más de 70 años de gobierno unipartidista, como una reafirmación histórica de la democracia en ese país.
A su vez, el líder mexicano dijo que quería recoger las experiencias de Clinton en la relación con México y entablar un diálogo sobre el futuro. No olvidó, sin embargo, agradecer el apoyo financiero que el gobierno de Clinton brindó a México durante la crisis del peso, en 1995. "Verdaderamente, hay que reconocer eso", afirmó.
Pero el presidente electo mexicano declaró al abandonar la Casa Blanca que la inmigración es un problema en la relación bilateral en torno al cual "exploramos soluciones y las soluciones tienen que ver con el desarrollo económico".