El presidente de México, Vicente Fox, intensificó sus mensajes de paz ayer y apeló al Congreso para que apruebe una ley de derechos indígenas, una condición de los insurgentes zapatistas para dialogar, en una estrategia para demoler el escepticismo del líder rebelde subcomandante Marcos.
Marcos continúa sus expresiones sarcásticas hacia Fox, pero ha descartado volver a utilizar las armas -que su movimiento sólo disparó los primeros 12 días de enero de 1994, hasta que el gobierno decretó un cese al fuego que dura ya siete años-, y ahora diseña la reconversión de su movimiento en una fuerza política.
En respuesta a los insultos, Fox no escatimó elogios a Marcos en entrevistas este martes: "quiero al Marcos inteligente", para que "sea efectiva" su exposición ante el Congreso a favor de una ley indígena, que contempla la autonomía de las 56 etnias que integran más de 10 millones de indios.
Abogar por la ley fue el objetivo mayor de la exitosa caravana de 3.000 km desde la selva de Chiapas a la capital del alto mando zapatista, que terminó el domingo, en la cual Marcos calificó a Fox como "el que mucho habla y poco escucha" y lo acusó de servir a "los señores del dinero".
Eludiendo la polémica, Fox replicó al enmascarado líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que no es hora de polemizar, "ahora quiero a ese Marcos inteligente, listo, negociador, convincente, para que salga la ley" indígena, dijo en entrevista con el diario El Universal.
Fox anunció que acudiría al Congreso para defender la ley, quitando otro argumento a los zapatistas, que lo acusan de enviar a los legisladores el proyecto de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa, plural) como una trampa para culpar a los legisladores si fracasa la iniciativa.
El mandatario conservador eludió proseguir la polémica con Marcos porque "ahorita lo que yo necesito con Marcos es que nos arreglemos en paz y para la paz.Después ya nos meteremos al debate de las ideologías", dijo Fox.
Fox dijo que explicará a los legisladores que pretendemos "el respeto a las tradiciones, historia, costumbres, forma de gobierno en los indígenas (...) vamos a ir a trabajar con comisiones", del Congreso.
Pero Marcos no sólo sostiene el pulso con Fox sino además encara el dilema de convertir a su renovado movimiento en una fuerza política, tras el eufórico recibimiento a la capital, en el límite de la adulación.
"Llega el momento en que se encuentra uno con que las armas se hacen innecesarias, insostenibles, impensables. En ese momento, el proceso de paz entra en el carril de donde ya no se va a poder salir", dijo Marcos en una entrevista con la Televisión Española, transmitida el fin de semana.
Marcos admitió que se preparó para la guerra en un mundo donde la lucha armada ya no tiene razón de ser, donde la guera fría entre dos bloques había terminado: "salimos a hacer la guerra en un mundo que ya no existía", admitió.
Ante esa revelación, el audaz intelectual -que no es indígena- reorientó su rebelión en 1994 hacia la reivindicación de los pueblos nativos y luego se erigió en una especie de redentor mesiánico de los indios. "Estábamos haciendo una guerra contra el olvido", dijo a TVE.
En esa línea el Consejero Nacional de Seguridad, Adolfo Aguilar, un intelectual formado en la izquierda, sostuvo que el EZLN "ha dejado ya de ser un movimiento armado y se está convirtiendo poco a poco, con la caravana, en un importante movimiento representativo de amplios sectores de las comunidades indígenas".
Fue más lapidario el canciller Jorge Castañeda, autor de una biografía del Che Guevara: "Marcos va a conseguir su ley y esta será el final del conflicto", declaró al Wall Street Journal.
Pero Fox eludió arrebatarle los laureles a Marcos y dijo al diario La Jornada que "Marcos y yo vamos ganando".
"Marco va ganando, lleva buen paso de popularidad y dando a entender mucho mejor su mensaje. Yo voy ganando en esto, porque la ciudadanía está esperando que se arregle esta asunto, que acordemos una paz, justa y duradera", puntualizó Fox.