Decepcionados, traumados, desengañados, frustrados, malogrados, fracasados… de verdad un nuevo y rotundo fracaso mayúsculo en el 2008 para el fútbol panameño.
Primero la Mayor y ahora la Sub20, que no pudo o no supo superar el difícil escollo, llamado Honduras; y el ganar 3 por 0, después de la goleada sufrida, dos días antes en territorio catracho, que los obligaba a conseguir un resultado ciertamente muy complicado.
Una nueva desilusión, que golpea en lo más profundo; dentro de un contexto previsible.
De un fracaso anunciado, después de las alegrías y satisfacciones dejadas por las anteriores selecciones nacionales, clasificadas a los tres últimos mundiales de esta categoría juvenil. Un desastre, una catástrofe, que nos llega y lo tenemos que aceptar, en el peor momento.
Hasta cuándo señores federados, señor Ariel Alvarado, en pensar que el técnico que se contrata tiene la lámpara de Aladino, para clasificarse al Mundial. Cuando lo principal brilla por su ausencia, como brilla, pero de sucia… la misma lámpara. Porque para este proceso, orquestado por el técnico Cristóbal Maldonado, nunca existió una organización seria y formal por parte de la dirigencia; que avalara o respaldara el envidiable historial del paraguayo; tras haber clasificado a selecciones de su país a los mundiales de esta misma categoría.
Llegar a un Mundial de fútbol no es cuestión de solo desearlo, hay que trabajarlo, planificarlo, proyectarlo, para después concebirlo.